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Peajes y lejanías

DE MOMENTO, y aunque sea un absurdo en kilómetros y costes, el viaje entre Lugo y Santiago, aeropuerto incluido, presenta como opción a contemplar en tiempo y seguridad la A-6 para enlazar en puertas de A Coruña con la AP-9. Por tanto, los peajes de esa autopista no son indiferentes a Lugo. Incluso en el viaje a la capital herculina la A-6 dirige al conductor, como quien no quiere pero queriendo, a un tramo final de pago. Que decisiones de los exministros de Fomento José Blanco y Ana Pastor aporten argumentos a la concesionaria de la AP-9 para justificar una subida del 4% en los peajes no pueden acallar a la opinión pública gallega. De momento, hay una incapacidad o un fracaso total por parte de los poderes políticos —quizás a Fomento le quede muy lejos el asunto, tanto como al capital de la titularidad de la concesionaria— para afrontar el servicio de la AP-9 en interés de los ciudadanos gallegos.

Vuelos y satisfacción

Una sonora expresión de competencia localista en el eje atlántico gallego son los tres aeropuertos. A veces, los datos de crecimiento de viajeros aportan grandes satisfacciones a los más hooligans cuando el porcentaje de incremento de usuarios supera al de los competidores. Nunca interesa la cuenta global —la suma de los tres— ni la comparativa con Oporto. Ni nunca interesa el coste por pasajero en las subvenciones municipales para atraer vuelos en la competencia entre las tres ciudades. En poco más de 150 kilómetros, y en recorrido por autopista —cara, que será más en enero—, el viajero encuentra tres aeropuertos. Con otros 150 kilómetros más el viajero se sitúa en Sá Carneiro, el aeropuerto que atrae a siete de cada diez viajeros de la Eurorregión Galicia-Norte de Portugal. Las cifras de noviembre servirán para echar foguetes en Vigo: Peinador crece un 15% en el número de viajeros. Los tres juntos ni se aproximan a Oporto.

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