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Ovaciones

 

SE SUPONE que en respuesta a la llamada de la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, de apoyar a los "nuestros", los populares ovacionaron a Cristina Cifuentes en la convención del partido en Sevilla. Este máster de Cifuentes, que es un problema claramente político, Mariano Rajoy lo deja también en manos de la Justicia. Es una curiosa forma de hacer política. Las voces sensatas que ofrecieron los líderes populares de Galicia y de Castilla-León coinciden con las dudas generalizadas sobre las circunstancias académicas de este título. "Si no hay máster, mintió", dijo Feijóo con la misma lógica de quien sigue los informativos en el salón de su casa, sobre todo después de haber oído al rector de la Universidad Rey Juan Carlos.

Desafortunadas
Las declaraciones de la ministra alemana de Justicia sobre la situación judicial de Puigdemont tienen dos partes: considera "correcta" la decisión del juez alemán. Nadie esperaría que dijese lo contrario, que cuestionase la justicia de su propio país. Y resultan sorprendentes esas declaraciones cuando Katerina Barley reduce toda la situación del expresidente catalán a una cuestión política. Pero el ministro español de Exteriores, Alfonso Dastis, antes de calificar como desafortunadas estas declaraciones, que lo son para los intereses del Gobierno español en la proyección exterior, debería preguntarse si el Gobierno y sobre todo su departamento hicieron los deberes que les corresponderían en este asunto. Si así de "desafortunada" responde la ministra de un Gobierno amigo, ¿qué cabe esperar de los que no reciben tal calificativo? Ese es el tema, también para Esteban González Pons, con canonjía popular en el Parlamento Europeo, aunque haya añorado en Sevilla la vieja frontera del nacionalismo y destapado la ligera losa que ocultaba el antieuropeísmo de una rancia derecha española, la clásica antiliberal y antimoderna.

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