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Necesidad y riesgos

LA MINISTRA de Educación y portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, anuncia en una entrevista en El País la creación de una asignatura obligatoria en valores cívicos. La necesidad no será discutible. Es probable que incluso desde posiciones ideológicas muy diferentes se vea como una carencia a cubrir. La concepción de la misma, que reflejarán los contenidos y el enfoque de los mismos, es la gran cuestión. Sería grave abrir nuevamente el melón de la discordia con esta materia de educación para la ciudadanía entre amplios sectores de opinión. O los contenidos, los valores cívicos que marquen esa asignatura obligatoria nacen del consenso entre las grandes corrientes políticas y los grupos sociales significativos o no servirá para nada, salvo para la discordia.

Hay un marco y unos contenidos que figuran en la Constitución. Han de formularse didácticamente. Hay unas declaraciones de principios, como la de Derechos Humanos, que se entienden como aceptados universalmente. Hay unos valores cívicos de respeto y tolerancia que también han de entenderse como universales pero que en muchas de sus formulaciones concretas piden ser fruto del acuerdo entre sensibilidades diferentes. No se puede entender esa asignatura como adoctrinamiento ni habrá de dar oportunidad a recibir esas acusaciones. Ni puede ser una "formación del espíritu nacional", como en otras épocas, ni un impulsor o acelerador en unas determinadas direcciones ideológicas. Sería una segunda oportunidad perdida. Para el rigor sirve el largo trabajo abierto en la Fundación Ética Mundial, que preside Hans Küng, en ese objetivo de unos valores éticos aceptados universalmente, o las formulaciones que hace Ignatieff en Virtudes ordinarias. Los valores cívicos son tarea incuestionablemente necesaria pero social e intelectualmente abierta al encuentro, la investigación y la formulación en el diálogo.

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