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Útil para el consumidor

NO ES un regreso a aquella frustrante autarquía del franquismo, previa al plan de estabilización económica de 1959, ni es la defensa de una concepción nacionalista de la economía. La etiqueta de la leche y de los productos derivados como yogures, mantequilla o quesos deberá señalar desde el próximo martes el país de origen: de ordeño y de transformación de la materia prima. Es una información útil para el consumidor y para la transparencia del mercado. Frente a quienes se oponen o critican la medida -qué intereses encubren- hay que exigir más información en ese etiquetado, como la región de origen y transformación. No es suficiente el Estado o país: no es igual la España de secano que la verde, para concretar. Para un consumidor que apueste por una economía sostenible y que defienda el mayor respeto al medio ambiente no será indiferente que la leche que compra se produzca en regiones con recursos naturales propios para la alimentación del ganado -estas vacas que pastan en Galicia- que en macroexplotaciones intensivas de alta rentabilidad, que se ubican en función de la proximidad al mercado final y no a los recursos naturales. Es economía en el interés general frente a la especulación. Es medio ambiente, también para el interés general. La educación del consumidor para que adopte hábitos de compra que pasan por leer las etiquetas corresponde a los gobiernos. Vincular calidad con los sistemas de producción más naturales es tarea que interesa a los ganaderos. Lo que va a suceder con la leche y sus derivados a partir del martes debe trasladarse a otros muchos productos, como el origen de las diferentes carnes para el consumo. Es aquello que cuenta Julio Camba en La casa de Lúculo, donde hay buenos prados hay buena carne. Viene a ser la versión de la leche producida en la naturaleza o en medios de concentración intensiva.

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