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Llamada a reflexionar

LA MANIFESTACIÓN del domingo de las derechas en Madrid, el cabreo general del "español de bien", que se escuchó la pasada semana ante lo que parece un cambio de cromos de Sánchez con el independentismo catalán; el malestar político, incluso sonoro dentro del PSOE, y esta semana que se abre con el interrogante de los Presupuestos y el inicio del juicio al procés en el Supremo son llamadas para la reflexión a derecha e izquierda. La manifestación fue un éxito para los convocantes y otro por respiro de tranquilidad para Sánchez. Decenas de miles, en las rebajas, o doscientos mil con las lentes de aumento: es indiferente. De una primera acción unitaria de las derechas en la calle —a quién beneficia— cabría sospechar mayor número, sobre todo cuando se llamó de urgencia para defender la unidad de España y echar a Pedro Sánchez de la Moncloa. El PP tendrá un problema electoral si el entusiasmo del baño de masas, que vieron algunos opinadores madrileños, y el "éxito" del domingo le impide a Casado enfriar la vehemencia alborotadora que lleva como discurso ideológico y no se percata de que la vía de confrontar nacionalismo frente a nacionalismo es una calle sin salida. La suma de las derechas a veces resta. El domingo hubo una muestra. Hasta el señor Valls, que entra a todos los karaokes, escapó de la foto de grupo. La manifestación de ayer no le asaltó el palacio a Sánchez. Faltó número, aunque había munición de mal gusto y de muy dudosa ejemplaridad político constitucional en algunas pancartas. Las técnicas de resistencia de Sánchez para volver victorioso sobre la vieja guardia del partido no obtendrían éxito frente a una sociedad en estado de alerta con ese cabreo general que su vicepresidenta logró despertar en pleno invierno. El nacionalismo enrocado en Bruselas y en el Palau de la Generalitat debe tomar nota de la imperiosa necesidad que tiene de realismo. No será Torra quien tome ese camino.

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