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La noticia deseada

DESPUÉS DE cincuenta años de violencia y muerte, de crímenes y de generar inestabilidad en momentos clave para las libertades y la paz, llega la noticia de la disolución de Eta. Llega vencida por la fuerza del Estado de derecho, una realidad que no pueden ocultar todas las escenificaciones que realiza la banda para el cierre de su negocio de extorsión y crimen. Históricamente es una gran noticia, aunque algunos interpreten que prestarle atención es entrar a su juego. Es un objetivo soñado y cumplido. Es la noticia que deseó y esperó toda la sociedad española durante décadas. Parecía que nunca llegaría en los múltiples momentos en los que la sinrazón y la amoralidad del terrorismo sembraba sangre siempre inocente. Nunca hubo ni hay legitimidad para disponer de la vida de nadie y nunca debería encontrar comprensión la violencia como arma política. Hay que celebrar el éxito de quienes trabajaron para acabar con Eta. Hay que mantener viva la memoria de las víctimas. Es también tiempo para el examen de posiciones que, con sutilezas morales y políticas, no siempre supieron o quisieron ponerse del lado de las víctimas de la banda. Los excesos y hasta los crímenes, que los hubo, en la represión, nunca legitiman ni pueden legitimar el terrorismo. Hay que confiar en que se cierren las heridas que quedan dentro de la sociedad vasca por la siembra del odio y la división que supuso el terrorismo. La reciente y éxitosa novela Patria refleja esa realidad de división y odio. Este cierre de medio siglo de terrorismo debería servir también para que la tentación de la violencia no intente nunca jamás presentarse como vía para fines políticos. La indignación que toda la sociedad sintió y expresó frente a atentados como los de Hipercor o el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, por citar solo dos ejemplos de barbarie, debe permanencer viva frente a toda tentación de mesianismo violento.

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