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La centralidad y los bloques

El clima preelectoral puede explicar la subida de tono del lenguaje de los políticos. Llega al insulto y no solo lo roza. El pleno del Senado de este martes es una muestra. La radicalización del lenguaje va acompañado o directamente refleja posiciones que cada vez abandonan más la centralidad política, las posiciones en las que el encuentro y el diálogo serían posibles. La fragmentación de la representación del electorado hace más necesaria que nunca esa colocación de puentes para construir mayorías, para hacer viable la gobernabilidad en España, en las comunidades autónomas o en los municipios. El discurso va en dirección contraria. Nunca en el actual período democrático se construyeron de forma tan amurallada bloques ideológicos que se declaran incompatibles entre sí. El líder de Ciudadanos insiste en negar la posibilidad de cualquier diálogo o acuerdo no ya con Pedro Sánchez, también con el PSOE. Parece una renuncia a la centralidad o una apuesta por una opción única de derecha. Una posición que se adopta como eje o marca de campaña electoral por parte del partido que presumía de poder pactar a derecha e izquierda. Pablo Casado desde el PP construye antes de que arranque oficialmente la campaña un discurso que mira solo a la derecha extrema y con pactos a la andaluza. En el programa de Pablo Casado el acuerdo de las derechas es posición de renuncia a la victoria electoral y sorprendentemente lo utiliza para atraer voto. Abandonado el espacio de centro por el PP y por Ciudadanos, en la carrera por competir o atraer a la extrema derecha de Vox, sale ahora Pedro Sánchez con el discurso de abanderado de la moderación, el diálogo y el pacto. La carencia de diálogo lo precipitó al final de la legislatura. Este escenario de bloques definidos e incomunicados entre sí no es fórmula para afrontar los graves problemas presentes. Suma uno más.

La centralidad y los bloques
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