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Jauría fascista

La fachada del taller del autor del nuevo busto de Manuel Fraga en Vilalba apareció con una pintada de "Artista fascista" y con dos esculturas dañadas con pintura. Quienes se creen en posesión de la verdad y la quieren imponer a la sociedad son totalitarios. Comportamientos como los que refleja la agresión al taller y a las obras de este escultor son propias de la chulería, la violencia y la ignorancia que históricamente mostraron los grupos fascistas. Están en la memoria no muy lejana de este país. Fueron y son de comportamientos gregarios. Esto que sucedió con el taller de Raimundo Rubal es una auténtica manifestación de la jauría, para utilizar el calificativo del exministro de Cultura. Estamos ante un ataque más, de los que quizá no se contabilizan, a la libertad de expresión. No es solo vandalismo. Hay carga política de intolerancia del extremo que sea. Parece claro el que se querrán atribuir. El autor del busto de Fraga no tiene que dar explicaciones a nadie sobre sus posiciones ideológicas. Ni él ni sus antepasados tienen antecedentes fascistas, según declara. Las peticiones de pureza de sangre o la necesidad de formularlas, si las hubiera, son siempre preámbulo de lo peor en una sociedad. La historia está para aprender de ella, no para reconstruirla o trocearla en lo que interesa. El autor del busto de Fraga es un trabajador, un artista, que atiende un encargo de una institución democrática como el Ayuntamiento de Vilalba. Tiene razón Raimundo Rubal cuando asegura que "fascistas son os que sinalan a un". Justamente quienes hicieron esa pintada en su taller y dañaron dos de sus piezas. Convendría al interés general, y al disfrute de las libertades, una eficaz labor de los cuerpos policiales. Se escribió aquí y se repite: superó ciertas barreras el vandalismo con el busto del político Manuel Fraga en Vilalba. La opinión que se tenga de este personaje, que fue ministro con Franco y también presidente democrático de Galicia, no puede condicionar la condena. Sobrepasa el gamberrismo.

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