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Acabar con una discriminación

O SE ADOPTAN políticas activas para poner fin a la brecha salarial entre hombres y mujeres o se necesitarán cerca de siete décadas para corregir el desequilibrio existente. En Galicia, 4.517 euros separan los salarios, solo por la condición de ser hombre o mujer. La diferencia negativa para la mujer en Galicia se sitúa por debajo de la media española. ¿Cómo es posible que esto se dé en unas sociedades que llevan décadas proclamando los derechos de la mujer y, para ir al origen, autoproclamándose como abanderados de los derechos humanos y contra la discriminación por sexo, raza o religión? Esta situación ha de corregirse por lo que representa de injusticia, frente a la que existen medios para corregirla: legislar y sancionar el incumplimiento. No hay ninguna razón para posponer en el tiempo la legislación que sancione severamente estas prácticas.

Aquellas esencias

Las declaraciones ante el juez del exsecretario general del PP madrileño se pueden despachar como una activación del ventilador para ciscar a quienes le rodeaban, Esperanza Aguirre, Ignacio González o Cristina Cifuentes. Cierto. Pero también se pueden tomar como una muestra más de la descomposición en la que se movía la gestión y la política madrileña bajo los mandatos de la señora Aguirre, autoimpulsada como faro y guardiana de las esencias, que etiquetaba como derecha liberal. Por un lado, tapaban el estiércol que generaban con lo que parece algo más que presunta corrupción, y, por otro, daban lecciones de nacionalismo a quienes creen que España no se identifica con la reacción centralista madrileña. Marcaron y condicionaron, para mal, las posiciones del PP y las políticas de sus gobiernos. La respuesta no es el desvío ni el silencio.

Acabar con una discriminación
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