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Tratamiento Covid-19. Los jesuitas, la quinina y Trump

La terminología bélica empleada en los comunicados oficiales de la pandemia por Covid-19, la generosidad y empatía surgida entre los ciudadanos, me recordó a Virginia Wolf, que al empezar la guerra mundial (1939-1945), observó virtudes en gente que hasta entonces sólo había despreciado. Así escribió en 1940 a su amiga, la compositora y militante sufragista, Ethel Smyth: "Lo que estoy encontrando extraño, agradable e insólito es la admiración que esta guerra crea sobre cualquier tipo de persona…". 

Desconozco la admiración que los americanos sienten hacia Trump en este momento, pero puedo afirmar que su frivolidad y ocurrencia al tomar hidroxicloroquina y animar a la gente a hacer lo mismo, se fundamentó en una información incorrecta, dando a entender que la agencia americana de drogas y alimentos (FDA) había aprobado este medicamento para el coronavirus. Sin embargo, lo que hizo público la FDA el 28 de marzo fue una autorización de uso de emergencia, que se limitaba a permitir la distribución de dicho fármaco. 

Con este motivo podemos acordarnos con satisfacción que la quinina, fármaco útil, entre otras indicaciones, para la malaria, fue descubierta en un laboratorio farmacéutico en el Colegio de San Pablo de Lima, fundado en el siglo XVI por los jesuitas, siendo introducida en Europa en 1630 por el religioso jesuita español, natural de Sevilla, Alonso Messia Venegas. En Inglaterra y países protestantes se opusieron al uso de la quinina, como luego los clérigos ingleses se opusieron a la vacunación. 

La investigación relacionada con el Covid-19 es descomunal y a fecha de hoy en la página de ClinicalTrials.gov hay registrados 2.173 estudios de los cuales 1.462 son de tratamiento. Se investigan unos 25 fármacos diferentes para uso en Covid-19 y se trata de la reutilización de medicamentos existentes.

La profilaxis con hidroxicloroquina para Covid-19 no resultó beneficiosa en un ensayo clínico con 821 pacientes y tampoco en un estudio observacional de 1376 pacientes. Hasta hoy no se han demostrado sus posibles beneficios.

El ensayo clínico Recovery, que se realiza en 175 hospitales del Reino Unido e incluyó 11.500 pacientes, un estudio clínico bien diseñado, según los protocolos de la medicina basada en la evidencia, el 16 de junio nos dio una alegría al comunicar que la rama del estudio en la que se empleaba dexametasona, un corticoide disponible y económico, reducía la mortalidad de manera significativa en los pacientes que precisaban ventilación asistida u oxigenoterapia. En el primer caso si se tratan 8 pacientes se salvará una vida y en el segundo caso hay que tratar 25 para conseguir lo mismo. La dexametasona es el primer fármaco que demuestra que puede salvar vidas. Las otras ramas del estudio son: Lopinavir-Ritonavir (empleados habitualmente para VIH), Azitromizina (antibiótico), Tocilizumab (antiinflamatorio), Plasma de convalecientes que pasaron la enfermedad y tienen anticuerpos y la Hidroxicloroquina, que mostró que este tratamiento no tuvo ningún beneficio para los pacientes hospitalizados con Covid-19.

En otro ensayo clínico multicéntrico y multinacional (participa el Hospital Germans Trias i Pujol e Instituto de Investigación del Sida, Badalona, España) con un antivírico, remdesivir, se acortó el tiempo de recuperación en pacientes hospitalizados según datos preliminares.

Hasta hoy ningún tratamiento había demostrado eficacia, a pesar de que hay muchos fármacos, ninguno de ellos con resultados brillantes. 

La pandemia global presiona a los médicos y administraciones para poner con rapidez medicamentos a disposición de los pacientes, pero antes se requieren ensayos clínicos, que tienen sus procedimientos y necesitan su tiempo. 

La evaluación rigurosa de la seguridad y eficacia de los medicamentos sigue siendo fundamental para proteger al público de medicamentos inseguros e ineficaces.

Tratamiento Covid-19. Los jesuitas, la quinina y Trump
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