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Feministas históricas, contra la ley trans

Aunque inicialmente, la vicepresidenta Carmen Calvo manifestó su profundo reparo a la llamada ley trans por entender que alguno de sus planteamientos, al generalizarse, afectaba a conceptos básicos que atañen a la condición y el sexo del conjunto de la población ordinaria, dice ahora que es un proyecto de ley «razonable». Por lo visto esta ley ya no supone «una inseguridad jurídica para 47 millones de españoles», la mayoría de los cuales estamos contentos con nuestro sexo y nos consideramos, sin dudas, hombres o mujeres.

No deja de ser curioso que la más expresa oposición a esta ley no haya surgido de la derecha, sino del Partido Feminista, que ha señalado algunas contradicciones, como el hecho de que un violador convicto y penado que decida cambiar de sexo (o género, como dicen ahora) pueda reclamar ser recluido en una cárcel para mujeres y que un hombre trans pueda competir deportivamente con mujeres reales biológicamente. Asimismo, la nueva norma permite que las mujeres lesbianas, bisexuales y sin pareja vuelvan a tener acceso a técnicas de reproducción humana asistida luego se siete años sin acceso a ese derecho en el Sistema Nacional de Salud. 

El anteproyecto de esta ley, que acaba de aprobar el Consejo de Ministros, introduce un cambio substantivo en el Código Civil, que va mucho más allá de lo que supuso el nuevo concepto de matrimonio; ya que en este caso desparecen los viejos conceptos ‘padre’ y ‘madre’ por ‘progenitores’. Además, si la referencia es individual a cada uno de ellos, se les nombrará como ‘madre o progenitor gestante’ y como ‘padre o progenitor no gestante’. La palabra procede del latín ‘progenitor, progenitoris’ y significa según la RAE ‘pariente en línea recta ascendente de una persona. Ser vivo que origina a otro y por fin, El padre y la madre’. Por cierto, que los romanos decían aquello de la mater ‘quia semper certa est’. Lo que se entiende bien. Claro que en esta sociedad nuestra el aserto del jurista Paulo puede o no puede ser. 

Dado que el sexo de una persona será determinado por un acto de voluntad, sin que la biología sea un factor relevante, ha dado lugar ya, como corresponde al humor celtibérico, a todo tipo de chistes y viñetas, como algunos que sugieren los futuros recién nacidos no tendrá sexo hasta que lo determinen en cada caso, a partir de la edad que establezca el Gobierno. Las expresiones y en ese mismo tono se apunta que niño o niña dejarán de usarse de modo definitorio y serán sustituidas por otra de carácter genérico adecuada. Serán llamados ‘post nasciturus en trámite’. Es un chiste. Al menos de momento.

La discrepancia que en principio apuntaba la vicepresidenta Calvo coincidía en la misma dirección que lo hace la crítica más ponderada sobre este asunto, al entender que si bien es inexcusable establecer cauces jurídicos seguros y sin las complicaciones del pasado para aquellas personas que se hallan recluidas dentro de un cuerpo que no se corresponde con lo que realmente se sienten y desean ser, por lo que más allá de la propia biología, se les debe reconocer el derecho a cambiar la consideración jurídica y administrativa para ser reconocidas como lo que quieren ser. Pero eso es un problema, personal, limitado que debe ser tratado en cada caso en si mismo, sin duda.

Una histórica y respetada dirigente de la izquierda, Lidia Falcón, es la más expresiva opositora a la referida ley, mediante una razonada exposición que, desde la otra orilla fue saludada con insultos habituales. Y en ese sentido apunta que trata de «sustituir el feminismo, tanto en su teoría como en su práctica, por la teoría queer», que niega la existencia de hombres y mujeres y que afirma que solamente existen sujetos que pueden cambiar de una conducta y una apariencia masculina a otras femeninas, indistintamente. Lidia Falcón criticaba las imposiciones de lo que calificaba como «lobby gay», acusándolo de pretender lograr ‘la legalización de los vientres de alquiler. Los homosexuales quieren poder alquiler úteros femeninos para producir niños o niñas para su propio disfrute como un objeto más que añadir a sus posesiones’.

De momento, el proyecto de ley trans mantiene el esquema inicial en todos sus aspectos básicos. O sea, que nos quedaremos sin padre ni madre propiamente, y Manolo puede decidir convertirse en Manola, y si cambia de opinión volver a ser Manola otra vez, las veces que quiera.

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