Opinión

El feliz alborozo de Sánchez por rendir el Estado a Puigdemont

Aunque la confirmación esperada de que va a promover la amnistía a los incursos en los procedimientos judiciales ordinarios derivados del procés, ante una masa coral mudita aplaudidora del PSOE, hay dos aspectos a destacar de la anunciación que Pedro Sánchez acaba de propinarnos: primero, el lenguaje no verbal de quien tranquilo y sonriente, sin el menos gesto de preocupación, anuncia lo que no deja de ser rendir definitivamente el Estado a quienes quisieron dinamitarlo, sino que le siguen pasando por las narices que siguen en ello, y que ahora no se ponen a cero, sino que retoman con más fuerza, al amparo de la impunidad, el objetivo final que sigue siendo el mismo, o sea, la independencia. Pareciera que Sánchez lo celebra. Aunque ya nada sorprende en este hombre, los argumentos que exhibió para decirnos que lo que se propone no es el vulgar contrapago, sino que es una necesidad de la nación toda, a cuyo interés sirve, y que responde a la iniciativa de medio centenar de diputados (sus socios), aunque la mitad del Congreso esté en contra y otros dirigentes y personalidades relevantes de su propio partido.

¿Cómo puede afirmar sin arrobo que en Cataluña las cosas mejoraron con los indultos y que el perdón a quienes delinquieron en lo común traerá la paz definitiva, sin el menor atisbo de arrepentimiento, sino el reiterado argullo de sus actos y la propia osadía de que son ellos los que perdonan al Estado por haberlos atropellado y que debe reconocer la injusticia de sus acciones contra ellos? Parte de su discurso me recordaba aquello que dijera José Ortega y Gasset en la caduca monarquía de Alfonso XIII, en el sentido de que aquel régimen debía pensar que los españoles éramos una gran ‘masa de bóvidos’ de fácil convención. Y hasta tiene el mismo sentido aquello de que «no hay mal que por bien no venga», con lo de «hacer de le necesidad virtud», o sea, que nos viene bien a todos permitir el retorno triunfal de Puigdemont, su impunidad y la de los suyos, y Sánchez cumple su palabra de que traerá al fugado, pero no ante la Justicia, sino ante la nación catalana que lo espera como su mesías victorioso.

Otra cosa es la propia frivolidad con que ha tratado el asunto. Por lo que Sánchez dijera en la campaña electoral pasada, tomen nota: el expresident catalán, fugado de la justicia española desde octubre de 2017, había pasado de ser un ‘problema’ para España a convertirse en una ‘anécdota’, Y además «Cataluña está lista para el reencuentro total. Los representantes de más del 80% de los catalanes respaldan esta medida. Y, por esas mismas razones, en el nombre de España, en el interés de España, en defensa de la convivencia entre españoles, defiendo hoy la amnistía en Cataluña por los hechos acaecidos en la década pasada». Ahora su discurso ante el comité federal estuvo adobado por la repetición de la palabra amnistía. Y eso se hace, tras el resultado de las elecciones del 23-J, que él ya pensara en que eran precisas medidas de gracia. 

Vamos a ver cómo montan los andamios para que la militancia del PSOE pueda votar «con toda la información posible» si respalda la amnistía. De las palabras de Sánchez se deprende que la responsabilidad por los hechos del procés descansa en el propio Estado y quienes antes que él lo gobernaron, porque él debe asumir «medidas adicionales de gracia», curioso modo de calificar la impunidad total, de suerte de que era consciente de que se queda corto con los indultos, porque era preciso más y más. 

Pero, «no las planeábamos para ahora, pero sabíamos que la superación definitiva del conflicto requeriría otras medidas de gracia en el futuro, porque no se podía dejar esa herida abierta indefinidamente. Es cierto, no era nuestro plan para este tiempo, pero uno no siempre en política como en la vida puede elegir los momentos en los que se realizan sus planes». Y ahí encajó la frase maestra: «El coraje también se manifiesta a veces haciendo realidad un dicho español: que hay que hacer de la necesidad virtud». ¿Y de quién es la necesidad, si no de sí mismo? Por cierto, que el expresidente del Tribunal Constitucional Pascual Sala, que es tenido por progresista, ha dicho que «si el motivo de la amnistía fuera tener los votos necesarios para que Sánchez fuera investido presidente del Gobierno, eso sería arbitrario y sería inconstitucional. ¿Y en qué programa de Gobierno o documento del PSOE iba eso?» 

Aunque todo esté decidido, Sánchez pretende otro acto teatral, y demostrar que el partido ‘pertenece a sus militantes’ que deben asumir las decisiones de su dirigente, quien con su acostumbrado cinismo comprende a quienes se oponen y enjareta lugares comunes como que la amnistía no es un fin en sí mismo, pero que será constitucional en plenitud, pese a que sus consocios actuales y futuros le dicen que de eso nada. 

Para este, la amnistía es una mera etapa que despeje su camino para llegar a la meta final, al tiempo que se reafirman, llegado el caso, en la unilateralidad, o sea, repetir los actos que ahora les van a perdonar. 

Salvador Illa, el primer secretario del PSC, dice: «La amnistía es un sí a la convivencia, al reencuentro, a la generosidad sin ingenuidad y un sí a la Constitución. Una medida excepcional para recuperar la plena normalidad política en Cataluña y en España». Quizá ignora o da lo mismo que en la inmensa mayoría de los ayuntamientos de Cataluña, muchos de cuyos alcaldes van a ser amnistiado por el delito de malversación, ni siquiera se iza la bandera de España. Puro reencuentro y normalidad.  

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