Opinión

¿Y ahora qué puede ofrecer Sánchez a sus socios para seguir en el poder?

Me acordaba yo estos días de aquello que se escribió sobre Adolfo Suárez, no solo tras el proceso de su dimisión y el episodio del intento de golpe de Estado del 23-F y el posterior fracaso de su ensayo de construir un partido, el CDS, que viniera a ocupar el sitio de la extinta UCD. Se refirieron a él como ‘la gallardía del derrotado’ o ‘la gallardía del perdedor’ y pensaba lo lejos que se halla el doctor Sánchez de poder ser calificado como tal tras su incuestionable derrota en las elecciones municipales y autonómicas que acabamos de celebrar. Pero ya no se trata de tener un leve gesto de elegancia formal, dados los resultados hacia el vencedor, sino hacia sus propios partidarios y partido. En otros casos y ocasiones, tras el descalabro, otros dirigentes lo han asumido con esa gallardía que desconoce. Por eso, dentro de su propio partido o de quienes tienen verdaderos sentimientos de lo que en su día representó, hubieran esperado que pusiera su cargo a disposición del mismo. Lo ha dicho Joaquín Leguina, en el sentido de que dentro del PSOE tiene que haber otros hombres y mujeres con capacidad no contaminada para dirigirlo y recuperar la plena confianza de los electores. Claro que todo esto es una quimérica ocurrencia. ¡A buena hora le pasaría a Sánchez tal cosa por la cabeza!

De paso, los timbaleros del sanchismo se han apresurado a hacer sonar las cajas en un esfuerzo por amargar la victoria de los contrarios como si realmente, escatológicamente, el mal hubiera vencido al bien. Pero la advertencia queda clara y los ganadores no van a tener tiempo no ya de disfrutar de su victoria sino de tomar posesión de sus cargos, anunciando que, pese a que no se podrá evitar que se instalen en comunidades y municipios, el retorno de la verdad va a marcar su existencia de aquí a poco. Lo que, en caso de obtener lo que esperan, se augura una quiebra institucional entre los poderes que conforman la estructura del Estado. En las redes, a los ciudadanos que no han apoyado a Sánchez y los suyos se los ha calificado de todo, de todo.

Pero la otra gran pregunta, a plantearse ahora con calma, y en el caso de que las dos o tres, según se mire, cuartelas en que se halla escindida un sector de la izquierda, logren rehacerse, cara a esa ‘mayoría de progreso’ con el PSOE de Sánchez, ¿qué puede ofrecer este ahora al resto de los consocios que lo llevaron a la Moncloa, y no precisamente de gratis? Porque en esa estancia se acomoda desde la derecha católica vascongada (‘de rodillas ante Dios’), o sea, el PNV que va con los de la feria y retorna con los del mercado (primero le aprueba a Rajoy los presupuestos y sin solución de continuidad apoya la moción de censura, pese a lo bien pagado que ya fuera), a Bildu, ERC y compañía. Y ninguno va de balde. La gran paradoja de Sánchez, y huelga decirlo, es haberse instalado e instalar en la centralidad del Estado al que quiere destruirlo (y dejemos aparte la inmundicia moral de quien dijera que por sus principios tal cosa no sería de este mundo). Por ello, en el supuesto de que Sánchez y las contratas de Podemos en la forma que finalmente adopte no ganen por mayoría suficiente y haya que echar mano de los de Otegi, el PNV y Rufián, insisto, ¿qué más se les puede ofrecer, a costa del Estado, obviamente? El PNV ha dejado claro que quiere trato de igual a igual con el Estado y asumir todas las competencias propias del mismo que les faltan. Otegi proclama que apoyar a Sánchez es el camino necesario para avanzar a sus metas, bien conocidas, porque eran las de Eta ¿O es que tienen otras? Y ERC le recuerda que el proceso en marcha, tras la reforma del Código Penal y el indulto, tiene otras dos estaciones: la amnistía para todos los procedimientos pendientes de substanciar, derivados de los actos del procès, y obviamente el referéndum pactado para la independencia. Lo dicen todos los días. Y además lo emplazan y recuerdan que, si ya cedió en las primeras, ha de plegarse a las segundas. 

Por eso, produce cierto rubor el que los mencionados timbaleros del sanchismo hagan un llamamiento a la parte no contaminada del PSOE que no coincide con la política de Sánchez, rescoldo de lo propio que advertía Rubalcaba, hoy tan olvidado, para que se unan al actual secretario general. Y es que esos socialistas discrepantes todavía tienen presente aquello que dijera Fernando de los Ríos de que un socialista no aspira a llegar al Gobierno de cualquier modo. Un socialista, no otra cosa, claro. Así que no nos asombremos ante los prodigios que nos esperan.

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