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Tampoco el previsible Feijóo sorprende a nadie

Ya casi es lo normal. Y va de suyo. Esta será la cuarta ocasión consecutiva en que las elecciones gallegas coincidan con las vascas. Ocurrió por primera vez en 2009, siendo lehendakari el políticamente desaparecido Juan José Ibarretxe, que ganó en las urnas pero fue desalojado de Ajuria Enea por un pacto -hoy impensable- de los socialistas y el PP. Emilio Pérez Touriño, que había desoído las voces que le aconsejaban acortar al máximo la legislatura, acabó creyendo que la coincidencia de las convocatorias electorales de Euskadi y Galicia sería propicia para el gobierno de coalición PSOE-Benegá que él encabezaba. Y se equivocó. Contra pronóstico, Feijóo derrotó al efímero bipartito obteniendo la primera de las tres mayorías absolutas -las últimas muy holgadas- que le han permitado llegar hasta el 2020 como presidente de la Xunta.

Dado que Feijóo presume de previsible, desde que se supo que Iñigo Urkullu barajaba la posibilidad de adelantar las elecciones al Parlamento Vasco al 5 abril la gran mayoría de los “sancaetanólogos”, además del propio círculo de don Alberto, daba por hecho que los gallegos acudiríamos a las urnas en esa misma fecha. Lo contrario habría sido una sorpresa mayúscula. Algo impropio de que quien cree que en situaciones como esta los gallegos del común agradecen saber de antemano lo que pueden esperar de él. Porque eso genera un clima de confianza e instaura una atmósfera de certidumbre, tan favorables para el normal desarrollo de la actividad política como para el correcto funcionamiento de la economía, muy sensible ante el más mínimo atisbo de inseguridad.

Euskadi y Galicia son dos comunidades muy distintas, casi antagónicas en lo político. Allí el nacionalismo es desde siempre la fuerza hegemónica, como aquí el centro derecha “españolista”. La coincidencia de sus respectivas elecciones, sin embargo, beneficia a ambas aunque sea precisamente por contraste. No hay riesgo de interferencia entre sus respectivos debates electorales. Lo que sí ocurriría en caso de que las elecciones gallegas o vascas coincidieran con las catalanas, que están anunciadas pero sin fecha. De ahí la decisión compartido. Por lo conflictivo de su situación, Catalunya es un factor tóxico, del que hay que alejarse. En eso, como en otros ámbitos, están plenamente de acuerdo Feijóo y Urkullu, aunque ambos reconocen que habrían preferido agotar el mandato para cumplir algunos compromisos adquiridos para esta legislatura.

Don Alberto cree que los gallegos en general, no sólo sus potenciales votantes, acabarán agradeciéndole que les ahorre una larguísima precampaña de más de medio año, que, por no desearla, no la deseaba ni siquiera la oposición gallega, cuyas principales voces le urgían en las últimas semanas a clarificar cuanto antes el calendario electoral. A quien no le corría tanta prisa era a las fuerzas políticas que compiten con el PP por el espacio conservador y al rupturismo. A unos y otros la anticipación de las  elecciones les coge a contrapié y les obliga a concretar con premura sus estrategias, establecer alianzas, conformar coaliciones, etc. Y eso que todos sabían que la posibilidad del adelanto nunca estuvo descartada y que, bien mirado, por les interesaba a todos, la tercera legislatura de Feijóo había entrado en los meses basura, se convocasen las elecciones para antes o para justo después del verano. Lo que nadie cree es que la suerte esté echada.

Tampoco el previsible Feijóo sorprende a nadie
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