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¿Y después de Feijóo, qué?

En el PPdeG saben muy bien que ese Feijóo con vitola de ganador, que acaba de igualar el palmarés de éxitos electorales de Fraga, tiene tomada hace tiempo la decisión de no optar a romper el techo de victorias de Don Manuel. Está de salida. Lo ha dejado claro a propios y extraños. Su larga etapa (son ya diecisiete años) en la política gallega tocará a su fin en 2024, si no antes. Lo que está por ver es si echa a un lado para incorporarse a eso que se suele denominar vida civil o si al fin emprende la aventura nacional que según algunos tiene en mente casi desde el mismo día en que regresó de Madrid vicepresidir la última Xunta fraguista. Después de este nuevo triunfo, que refuerza su línea estratégica y su modelo de liderazgo, en la propia calle Génova y entre el resto de los barones populares se generaliza el convencimiento de que Don Alberto es la gran baza —y casi la última— que le queda por jugar al PP posmarianista para recuperar la Moncloa.

Y es que Feijóo no sólo obtiene una cuarta mayoría absoluta holgada, mejorando sus anteriores resultados, sino que además derrota en Galicia a eso que en su día se denominó «nueva política». En la parte que le toca, con su estrategia de banda ancha, ha cerrado el paso al centrismo reformista y a la ultraderecha. Ciudadanos y Vox no han logrado tener presencia en O Hórreo ni siquiera en los momentos de su irrupción fulgurante en la escena política española. Y en virtud de la Ley D’Hont el albertismo también pone de su parte para dejar fuera del Parlamento gallego a la versión 3.0 del rupturismo, sustentada por Podemos, Esquerda Unida y la Anova de Beiras. Aquel joven tecnócrata conservador al que llamaba despectivamente por su primer apellido, Núñez, estampa ahora su firma en el certificado de la tercera defunción política del viejo profesor.

El 12-J también deja claro, por si quedaba alguna duda, que el PP gallego tiene, además de un líder con tirón personal y un ADN político propio, una maquinaria electoral muy potente y perfectamente engrasada, que no falla cuando no debe fallar, cuando está en juego lo que de verdad importa. Esa estructura territorial, especialmente eficiente en el ámbito rural, garantiza la victoria del centro derecha en Galicia sea quien sea el candidato, sobre todo si enfrente no se visualiza con claridad una alternativa sólida y creíble, aunque sea pluripartidista. Entre los principales dirigentes del Pepedegá se extiende el convencimiento de que el futuro delfín de Feijóo, sin ser un candidato de relumbrón, tendría muchas posibilidades de retener la Xunta con los populares en el Gobierno de España y no digamos con Don Alberto de presidente.

Con independencia de que el presidente decida, o no, completar el cuarto mandato, sería un error que ‘su’ partido no empezase desde ya a preparar el relevo de Feijóo. Con cuatro cómodos años de legislatura por delante, sin agobios ni premura, harían bien en ir diseñando una estrategia que, para cuando llegue el momento, garantice una sucesión tranquila tanto en San Caetano como al frente del PP de Galicia. Los que mejor le conocen dicen que Don Alberto no va a señalar a nadie con el dedo. No piensa asumir esa responsabilidad, ni pueden exigírselo, a pesar de su hiperliderazgo. Al parecer, la intención es que el delfín salga de un proceso congresual —con un remedo de primarias incluido— como el que decidió la sucesión de Fraga. Un procedimiento participativo y abierto que sin embargo garantice al ganador un amplio respaldo orgánico. Ya se verá si ello es posible. Lo seguro es que el congreso sucesorio no lo ganará alguien a quien Feijóo no vea con buenos ojos. Su sombra seguirá siendo alargada, incluso con un pie en el estribo.

¿Y después de Feijóo, qué?
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