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Sánchez, en el alambre

CASO DE de fracasar en los comicios del 26 J, nadie da un euro por Pedro Sánchez. En general la opinión publicada es inmisericorde con el joven secretario general del PSOE. De creer lo que se publica, los primeros interesados en que desaparezca del escenario serían algunos de sus compañeros en la dirección del partido. Analistas hay que con algunas variantes llevan meses publicando el mismo artículo cuya tesis es muy simple: Sánchez tiene los días contados. Son los mismos que primero no creían que pudiera alcanzar la secretaria general (Eduardo Madina partía como favorito en las quinielas de tertulianos y politólogos). También decían que sería defenestrado por los barones del partido así que fracasara en el debate de investidura. Ni lo uno y ni lo otro ha sucedido. Pero la cosa sigue. La siguiente prueba serán las elecciones de junio. Se dice, publica y comenta que si el PSOE no supera los magros 90 escaños que consiguió el 20 D, Sánchez se pude dar por liquidado. “Kaputt”. Dan por hecho que si el PSOE no remonta ese resultado, Susana Díaz, la presidenta de la Junta de Andalucía (a veces se olvida que lo es gracias al apoyo de Ciudadanos), irrumpiría en escena para hacerse con las riendas del partido. Todo esto, como comprenderá el lector, no son más que conjeturas. Susana Díaz tiene buena prensa y Pedro Sánchez, no.

Sánchez ha cometido errores que le están pasando factura. La intempestiva destitución de Tomás Gómez, el líder del PSOE en Madrid (sin explicación oficial alguna), el ostracismo de Antonio Miguel Carmona el más mediático de los concejales socialistas o la imposición en las listas por la capital de dos outsiders: Irene Lozano (látigo del PSOE cuando era diputada de UPyD) y de la comandante Zaida Cantero (silente estrella fugaz) en detrimento de socialistas veteranos como José Enrique Serrano o Eduardo Madina le granjearon antipatía y rencor en determinados sectores del partido. De ahí proceden algunas de las noticias que subrayan la fragilidad de su liderazgo. La personalidad de Pedro Sánchez -un hombre frío, educado, pero no simpático- hace que sea percibido como un personaje ambicioso y distante al que no se le reconoce virtudes resaltables en política tales como el valor (se atrevió a asumir el reto de la investidura pese a tener en contra la aritmética parlamentaria) o un bagaje oratorio notable. La noche del 26J será el momento indicado para saber si Pedro Sánchez está o no “kaputt”. Lo decidirán los electores, no la sonrisa del destino como maliciosamente apuntaba Pablo Iglesias, su tábano, en esta escasa legislatura.

Sánchez, en el alambre
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