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La abstención y los debates

CONOCIDO el repertorio de discursos autocomplacientes de los líderes políticos y sabido, también, el rosario de descalificaciones a las propuestas ajenas que manejan los candidatos, la nueva campaña electoral se presenta, en principio, como un trámite rutinario. No digo aburrida, pero desde luego, poco excitante. La excepción podrían ser los debates. Y la clave respecto del resultado podría estar en la abstención según se desprende del último sondeo del CIS.

No ir a votar tiene un significado político. Como lo tiene y muy preciso, votar en blanco. En uno y otro caso el ciudadano que opta por una de estas fórmulas está trasladando un rechazo. Por desinterés o como expresión de desencanto hacia la política. En el caso del voto en blanco, como impugnación simbólica a los políticos que concurren a los comicios. En nuestro sistema que se rige por la Ley D'Hondt, la abstención juega un papel destacado en el reparto de escaños. Tanto como para dar lugar a la paradoja de que partidos que tienen más votos, consiguen menos escaños. En el reparto de escaños, la abstención favorece al partido más votado. Hoy por hoy, según el estudio del CIS, si la marcha de la campaña electoral no cambia la tendencia el más favorecido sería el Partido Popular.

El sondeo aporta otro dato que sumado al anterior refuerza esa tendencia. Me refiero a la fidelidad de los votantes. En ese registro el PP aventaja al resto de partidos. La derecha española tiene la ventaja que aporta la unidad. Manuel Fraga primero y José María Aznar, después, consiguieron unificar a las diferentes familias del amplio espectro de ideología conservadora, incluyendo los huérfanos de la extinta UCD. Pese a que Ciudadanos podría ser considerado como una hijuela sociológica, la unidad del voto conservador es un gran activo político del que carece la izquierda debido a la actual fragmentación y a la disputa, a cara de perro, planteada por Podemos (Pablo Iglesias) contra el PSOE que lidera Pedro Sánchez. Sin olvidar que IU también existe (el 20D cosechó cerca de un millón de votos, aunque en el reparto de escaños solo consiguió dos). La división del voto de la izquierda política y sociológica española se agranda aún más si tenemos en cuenta que hay otras formaciones (ERC, Bildu, etc.) que aunque no concurren a nivel estatal tienen votantes propios.

En resumen, a cincuenta días de las elecciones, el PP (Mariano Rajoy) parte con ventaja sobre sus rivales salvo que los debates entre candidatos desequilibren la tendencia -recordemos que el popular Miguel Arias Cañete, que partía como favorito, «pinchó» en el cara a cara con Elena Valenciano, la candidata socialista al Parlamento Europeo-. Ya digo, los debates pueden jugar un papel importante en el resultado de las elecciones aunque la clave en el reparto de escaños vendrá dada tanto por el número de votos conseguidos como por el porcentaje que alcance la abstención.

La abstención y los debates
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