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El ninot

Disfrazar de libertad de expresión una provocación es donde se refugian de lo politicamente correcto

ES PROBABLE que los autores del Ninot, la pieza que se exhibe en Arco y que representa al Rey Felipe VI como una falla dispuesta a sucumbir a su destino de fuego hayan hecho suya aquella idea de Charles Baudelaire según la cual lo que hay de embriagador en el mal gusto es el placer aristocrático de desagradar.

O puede que solo se trate de un vulgar proyecto de negocio. Una iniciativa aprovechategui, visto el subidón anti Monarca que se despacha en los círculos separatistas de la Cataluña carlista. Ya en ocasión de la anterior edición de Arco, la misma mano que ha levantado y colgado la mencionada falla, hizo caja con un cuadro en el que bajo el rótulo de ‘presos políticos’ aparecían las fotografías de algunos de los personajes que estos días están siendo juzgados en el Tribunal Supremo por su presunta participación en los hechos del procés que desembocaron en el golpe al Estado democrático de octubre de 2017. Aquél cuadrodazibao fue adquirido por una cuantiosa suma de euros por un antiguo periodista de TV3 que junto a su socio, también ex de la televisión autonómica catalana, se han hecho multimillonarios aprovechando las contradicciones del sistema y una larga lista de favores políticos de diferente color.

Volviendo al ninot, uno esperaba que ante semejante dislate el todavía ministro de Cultura José Guirao, un señor que ha llegado a ministro del Gobierno del Reino de España, dijera algo. Y, en verdad que algo ha dicho: "Es espectáculo, no es arte". Fin de la cita. ¡Qué razón tenía Rodríguez Zapatero cuando en su día le confesó a su mujer aquello de: "Sonsoles no te puedes imaginar la cantidad de españoles que podrían gobernar". O, para el caso, visto lo de Guirao, llegar a ministro. Disfrazar de libertad de expresión lo que no pasa de ser una provocación de dudoso gusto es el expediente en el que se refugian los temerosos de salirse del guión de lo políticamente correcto en estos tiempos en los que el mencionado guión, tiene, por decirlo así, un lado hemipléjico. Los mismos que no le dan importancia a que una imagen que reproduce la figura del Jefe del Estado esté puesta a la venta bajo un contrato que obliga a quemarla, habrían puesto el grito en el cielo si dicha imagen representara a alguno de los actuales líderes de los partidos de la izquierda parlamentaria. No hace falta mucha imaginación para avizorar lo que se estaría diciendo en las redes sociales. De fascistas para arriba habrían despachado a Santiago Sierra y a Eugenio Merino, los autores del ninot.

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