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El remedio no es la solución

Pensar que "a grandes males, grandes remedios" es renunciar a conseguir eliminar los males contentándonos con aminorarlos temporalmente

Que el remedio no es la solución se demuestra por la aportación que el Estado tiene que hacer todos los meses a la Seguridad Social para el sostenimiento del sistema nacional y público de pensiones, cuya quiebra se agrava si se sigue pensando que ese es el remedio y no se busca la solución.

Esa situación equivale a poner parche sobre parche hasta la quiebra final. El Estado seguirá tirando de la deuda pública para pagar las pensiones, cuya cuantía ronda ya los 140.000 millones al año y sigue creciendo.

Esa misma actitud se viene observando con el calentamiento global o el cambio climático y con la contaminación atmosférica y la protección del medio ambiente, cuyos negativos efectos se tratan de corregir e impedir con remedios puntuales o medidas de emergencia incompatibles con la decisión de afrontar con rigor, seriedad y coraje, la solución de esos problemas.

No cabe duda que es más fácil recurrir al remedio, como medida urgente y pasajera ante cualquier problema, que buscar y hallar la solución definitiva del mismo.

Podríamos decir que el remedio sirve ‘para salir del paso’ o, lo que es lo mismo, conformarse con que un poco es algo más que nada y un poco es algo menos que todo.

El remedio se mueve en el término medio que solo resuelve en parte y momentáneamente el problema pero que no lo resuelve del todo y definitivamente.

Remedio, sin solución, equivale a curar sin sanar. Las heridas se curan; las enfermedades se sanan. Suprimir el dolor de la herida no es eliminar la causa que lo produce. Más aún, el dolor es, a veces, un aliado de la salud, pues permite descubrir y alertar sobre la aparición de la enfermedad y sus posibles consecuencias. Por esto, se dice que las enfermedades que surgen y cursan sin dolor impiden el diagnóstico precoz, que ayuda, en muchos casos, a atender a tiempo al paciente y darle la terapia adecuada.

Pensar que "a grandes males, grandes remedios" es renunciar a conseguir eliminar los males contentándonos con aminorarlos o evitarlos temporalmente.

Si se insiste, para resolver los problemas, en aplicar remedios como sucedáneos de la solución, ésta se hará, cada vez, más difícil y de consecuencias más perjudiciales.

En resumen, poner remedios es equivalente a primeros auxilios o a curas de emergencia que no evitan ni impiden el posterior tratamiento adecuado; pero observando siempre lo que dice el viejo refrán de que "el remedio no sea peor que la enfermedad".

El remedio no es la solución
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