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‘Restauraciones Borbónicas’

La restauración, señores, fue un panorama de fantasmas, y Cánovas el gran empresario de la fantasmagoría». Estas palabras fueron pronunciadas por Ortega y Gasset el 23 de marzo de 1914 en un famoso discurso pronunciado en el Teatro de la Comedia titulado ‘Vieja y nueva política’ con el que intentó impulsar la Liga para la Educación Política Española. Allí Ortega criticó severamente los males de la Restauración de los Alfonsos (XII y XIII) con la famosa acusación de la separación creciente de una España real y vital frente a una España oficial corrupta y mediocre, deseando y prediciendo la muerte de la Restauración ideada por Cánovas del Castillo, tras la cual una nueva política debería desarrollar y potenciar una nueva España nacional e industrializada. En esencia, se trataba de un periodo histórico caracterizado por el bipartidismo, con políticos de levita y chistera que practicaban la corrupción organizada y el turnismo político como manivela de ese sistema de corrupción.

En aquellos tiempos buena parte de la intelectualidad discutía con fuerza los pilares de aquella Restauración que, en palabras de Cánovas, no se trataba de una ‘contrarrevolución’ sino de ‘conciliación sin vencedores ni vencidos’. Recordemos que dicha etapa política emergió de los constantes conflictos decimonónicos entre las familias políticas liberales, el auge de las pretensiones republicanas y de los nacionalismos periféricos, asfixiados finalmente mediante el golpe de estado del general Pavía, el primero de carácter conservador y realizado en nombre del Ejército español para, posteriormente, producirse un nuevo pronunciamiento de Martínez Campos en favor del futuro rey Alfonso XII —eso sí, contra la opinión del propio Cánovas—. Y un excelente ejemplo del cuestionamiento del sistema de la Restauración —o sistema canovista— son las palabras de Pérez-Galdós recogidas en ‘La fe nacional y otros escritos sobre España’ (1912) cuando dice que «los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta (…) no acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes. Si nada se puede esperar de las turbas monárquicas, tampoco debemos tener fe en la grey revolucionaria». 

Era, pues, un sistema político anémico atacado de tuberculosis ética, continuaba diciendo Don Benito. Y cimentado, sobre todo, como decía Cánovas, en la lealtad monárquica, esa suprema convención encargada de dar seguridad a todas las demás (‘sobre la paz está la Monarquía’, decía) y, como incidía Ortega, haciendo del monarquismo un dogma sobrenatural indiscutible, rígido y, por ende, convirtiendo a su vez en dogma rígido, esquemático, inflexible, ineficaz, extranacional, a la idea republicana.

Vista en breves líneas y a través de dos intelectuales de la época la esencia fisionómica de la Restauración canovista, queda por reflexionar sobre sus similitudes con la actual Restauración. Puede resultar que las comparaciones históricas pueden ser utilizadas de manera tramposa estableciendo explícitamente (supuestas?) semejanzas entre aquella etapa y la actual. Afortunadamente podemos auxiliarnos recurriendo al antiquísimo pensador de Jonia, Heráclito, para el que nunca nos bañamos dos veces en el mismo río, porque éste es algo fluyente y variable de momento en momento. El viejo Heráclito nos puede servir de consuelo para afirmar que los acontecimientos históricos varían del mismo modo que las condiciones sociales, económicas y políticas, por lo que, tal vez, no sería conveniente apostar por una visión de la historia circular, cíclica (o lineal). No recurramos, pues, a Spengler, Toynbee, Vico, Nietzsche, entre otros, para elaborar hipótesis sobre la evolución de los hechos históricos. Entre otras razones porque también se podría aventurar una explicación elíptica de los hechos históricos y una visión tridimensional de los mismos. Y porque le corresponde al lector o lectora llegar a sus propias conclusiones. 

‘Restauraciones Borbónicas’
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