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Laura Fontán, los ojos del mar

SENTARSE A charlar con Laura Fontán Bouzas (Pontevedra, 1980) es complicado. Aprovechamos su visita navideña a la familia tras su regreso de Costa Rica para tomarnos un café con esta pontevedresa que le pone ojos y corazón al mar, desde su oficina sin vistas en la ciudad inglesa de Oxford.

Hace tiempo que esta oceanógrafa que estudió en el instituto Sánchez Cantón y quería ser veterinaria, lleva su vida al compás de las mareas, y se mueve por el poder de atracción que ejercen sobre ella interesantes proyectos relacionados con el mar. Casi ninguno en Galicia. Desde que se licenció en Ciencias do Mar por la Universidade de Vigo, esta treintañera ha hecho de todo: monitora de vela y buceo, camarera, consultora ambiental en Vigo, carrera investigadora en la Universidad de Valencia y hasta varias campañas oceanográficas por las que estuvo embarcada en alta mar.

El primer embarque vital le llegó cuando su profesor de la Universidad de Vigo, Javier Alcántara, le ofreció trabajar en varios proyectos en la Universidad de Valencia para el estudio del fondo marítimo y las pesquerías, su gran pasión. Pero después de cuatro años de aprendizaje, con la inestabilidad laboral que supone encadenar proyectos de investigación, Laura hizo la maleta y se fue a Barcelona. El ciclo biológico volvió a empezar. “"Me fui a Barcelona porque me enamoré de un chico gallego que estaba viviendo y trabajando allí, pero una vez allí, sin trabajo, me puse a dar clases particulares, servir en un comedor escolar, trabajé de clienta misteriosa de grandes firmas y hasta estuve a punto de coger un trabajo para quitar piojos en la cabeza de niños porque me dijeron que pagaban muy bien, pero ¡no me escogieron! (risas)"”.

Tras varios meses en Barcelona, Laura se enteró de un proyecto europeo del CSIC (Instituto de Ciencias de Mar) pero no conocía a nadie dentro. “"Me puse en contacto con los dos jefes que llevaban este proyecto, les escribí un correo y me contestó uno de ellos, me dijeron que no había posibilidad de contratarme y yo les dije que trabajaría hasta gratis solo para aprender, pero como personas profesionales me dijeron que no"”. Después de medio año de insistir y demostrar su interés, Laura consiguió su contrato en el CSIC y pudo trabajar con Jordi Lleonart y Francesc Mainou, dos de sus grandes referentes. Y en este segundo embarque vital Laura empieza a estudiar un máster en Gestión Pesquera a semidistancia que planta en el segundo año para preparar oposiciones a Inspectora de Pesca ¿El motivo? La ansiada estabilidad laboral que se le niega a los investigadores españoles. "“Lo dejé todo para opositar porque me parecía que España tal como estaba la situación era la forma más fácil de tener un trabajo seguro y cerca de mi casa”".

Como no hay dos sin tres, en una reunión con su supervisor de tesis en Barcelona, Philippe Cury, Laura conoce a los responsables del proyecto en el que trabaja ahora como analista de pesquerías. Un proyecto que le sedujo porque es único en el mundo. Eyes of the Seas (los Ojos de Mar) es producto de la colaboración entre la empresa Satellite Applications Catapult y la ONG Pew para controlar el movimiento de todos los buques a lo largo y ancho de los océanos del mundo. Laura y su equipo usan satélites de la NASA para controlar el tráfico ilegal de barcos. “"Mi trabajo diario es escribir informes con los datos que nos proporcionan nuestros ingenieros de software a través de los satélites y que se usan para informar a los gobiernos, otras empresas u ONGs sobre cuál es la situación en sus aguas”". Este trabajo fundamental para vigilar los océanos y evitar la pesca ilegal no está igual de bien visto en todos los países. "“Nosotros no ponemos multas, nuestro trabajo es informar. Si los gobiernos no nos hacen caso tenemos la opción de ir a la Interpol, cosa que ya hemos hecho"”.

A pesar de lo apasionante de su trabajo, no todo es de color de rosa. Laura está obligada a vivir lejos de Pontevedra y sabe que el trabajo especializado es una quimera en España. "“Muchos de mis compañeros de promoción se dedicaron a la investigación y después de hacer el doctorado se tuvieron que ir fuera, de los que se quedaron aquí están trabajando en cosas que no tienen nada que ver. Si todo el mundo se quisiese quedar en España no habría trabajo para ellos. Me parece muy triste, el mundo de la pesca es una economía súper importante y se necesita a gente muy especializada”".

Y ahora, como diría Nek, dejamos a Laura apurar el café e irse otra vez. La semana que viene, a Chile.

Laura Fontán, los ojos del mar
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