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La Guardia Civil y las chavalitas

UNA CHICA francesa de 18 años fue violada por cinco hombres en los San Fermines mientras grababan la hazaña con sus teléfonos móviles. El caso es conocido: uno de ellos era Guardia Civil y el otro, militar en activo. En los siete días que llevamos de fiesta se han producido un total de dieciséis arrestos de hombres relacionados con agresiones sexuales a mujeres, y se han denunciado siete violaciones con penetración. Ayer, jueves, se conocía la última, a una chica de 17 años de Vitoria.

Mientras la Justicia decide el futuro de los supuestos y presuntos violadores, la Guardia Civil ha suspendido de forma cautelar —a la espera de juicio— al agente implicado en la violación múltiple preocupados por “"la importante alarma social”" de los hechos, pero mucho menos porque tengan a un violador en su cuerpo. Del futuro del militar, nada se sabe. Las fuerzas armadas no se han pronunciado al respecto. Lo que sí sabemos ya es que a ambos los han trasladado deprisa y corriendo de prisión, para protegerlos de los otros reclusos.

Estos días que la Guardia Civil anda como loca investigando tuits que enaltecen el terrorismo con chistes malos sobre ETA, estaría bien que se fijase en la foto que circula en las redes sociales con los cinco presuntos agresores de la chica francesa, y buscase al autor y supuesto amigo de los presuntos violadores, del siguiente comentario "“no abuséis de las chavalitas"”. Un mensaje que a mí, como mujer, me traslada la fina ironía del escribiente sobre su opinión acerca de la libertad sexual de las mujeres.

Estos días que la Guardia Civil, auspiciada por la Fundación Toro de Lidia, quiere meter entre rejas a todo aquel que se burle de la muerte de Víctor Barrio por “"incitación al odio"” podría, por ejemplo, atender a la tuitera Barbijaputa que ha hecho públicas numerosas capturas de pantalla con las amenazas que recibe del tipo “"date por muerta ya te tenemos ubicada, grábate bien mi rostro antes de matarte puta"” o “"tus muertos puta, cómete mis huevos, feminazi amargada"” o “"tenías que ser violada por una turba de portadores de turbantes"”. Lo sé, quizá mencionar a Irene Villa por el medio aceleraría el proceso.

Estaría genial, también, que entre el rastreo de tuits sobre Carrero Blanco, a la Dirección de la Guardia Civil le diese tiempo a elaborar un protocolo interno de violencia de género, como el que propuso el sindicato Unión de Guardias Civiles (UniónGC) para actuar contra el machismo dentro de la institución. Un protocolo, que la dirección ya rechazó en abril de este año a pesar de la gran cantidad de denuncias que existen dentro del cuerpo —con numerosos casos dentro de las propias casas cuartel— y de la conocida dificultad de las agentes o parejas de agentes para denunciar en el seno de la institución. Sobre todo, cuando el agresor es un superior. Así se podrían investigar —entre tuit y tuit, obviamente— casos como el de Silvia Argos, guardia civil hasta el año 2007, cuando tuvo que dejarlo por el acoso y violencia machista que sufría y que la llevaron a acabar internada en un psiquiátrico.

Con ese protocolo se podría evitar también que la institución a la que las mujeres debemos nuestra protección, lance mensajes en sus cuentas oficiales como aquel que equiparaba la violencia machista a la inexistente violencia de la mujer contra el hombre por razón de sexo. Y que, a mi juicio, y como mujer, son incompatibles con la ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género a la que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se deben. El polémico tuit de la institución “"Cuando maltratas a un hombre dejas de ser una mujer"” daba por válida la tesis de que las mujeres, aparte de víctimas, somos también verdugos de nuestros hombres, tal como muestran las escandalosas cifras de cero asesinatos feministas. También, y parafraseando a la Sección Segunda de la Audiencia Nacional, “"para evitar el descrédito, menosprecio y humillación de las víctimas a través de Internet"”, se podría prevenir que al iluminado community de la Guardia Civil se le ocurra publicar mensajes en los que culpa a las víctimas de las violaciones como el de “"bailando, bailando, te pides un ron, te dan garrafón, te despiertas llorando"” y que ilustraban con la foto de una chica supuestamente de resaca.

Quizá, con un protocolo así, los guardias civiles entenderían que no pueden entrar en los prostíbulos si no es ayudar a las mujeres que allí se encuentran o para detener a sus captores. Y se evitarían vergonzosas situaciones como la del Guardia Civil que fue suspendido tres meses de empleo por alternar, en horario de trabajo, uniformado y armado, en un puticlub de Valdemoro mientras animaba a su compañero a beber hasta caerse de culo. Por no hablar de la operación Carioca y de los agentes vinculados a una red de prostitución en Lugo.

Quizá va siendo hora, twitter aparte, de que todos los responsables de vigilar el cumplimiento de la ley la vayan cumpliendo, como muestra de responsabilidad democrática y para no avergonzar a los que sí lo hacen. Pero yo qué sé, si sólo soy una chavalita.

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