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Cositas de chicas

CREÍA QUE lo había visto todo en cuanto a artículos femeninos hasta que descubrí que BIC tuvo la ocurrencia, hace pocos años, de inventar el producto definitivo: los bolígrafos especiales para chica. Y no de chica porque fuesen en colores rosas y morado, que también, sino porque se adaptaban perfectamente a las delicadas manos de las mujeres cuya ortografía está íntimamente ligada a nuestra necesidad de dibujar corazoncitos y el nombre del chico que nos gusta. Aquella polémica de los Bic for Her que acabó en escarnio público para desgracia de la compañía, me hizo pensar en la cantidad de cosas fascinantes que las mujeres podemos disfrutar, en exclusiva, por el hecho de serlo. Por ejemplo, esas fregonas y esas mopas de colorinchis, con margaritas y mariquitas tan cuquis que nos hacen amar el oficio de la limpieza doméstica al tiempo que no renunciamos a nuestra feminidad y estilo. Los sets de limpieza de diseño lo petaron tan fuerte que hasta Ágatha Ruiz de la Prada se puso a vender escobas y cubos como una loca. Ágatha, la diseñadora de moda que a punto estuvo de desbancar a los portugueses en la venta de toallas. Y es que los productos del hogar están hechos para mujer. No hay más que ver los detergentes y suavizantes para la ropa invadidos por los colores pastel, los ositos y las cosas suaves, y el uso indiscriminado del rosa en todas sus gamas. En cambio, pensemos ahora en los jabones para limpiar el coche. Colores fuertes, letras agresivas, diseños robustos. Just for men.

Para chica se diseñan también la inmensa mayoría de los productos dietéticos, a pesar de que en España la obesidad masculina sigue superando a la femenina. Los cereales tipo All-Bran o Special K se empeñan en embalar sus cajas con siluetas femeninas e incluyen todo tipo de obsequios y planes de entrenamiento... para chica. Una visita a sus webs nos hará entender que los cereales integrales están fabricados para la perfectísima mujer occidental, siempre necesitada de una ayuda extra para mejorar su delicada (y apretada) salud intestinal. Pasa lo mismo con las ensaladas listas para consumir, los quesos frescos, los de untar, y las mahonesas sin. Sus anuncios comerciales son una fiesta de pijamas en donde grupos de mujeres de todas las edades quedan para comer brotes de lechuga sin aliñar mientras se parten de la risa como cuando te llega un mensaje de tu ex a las 5 de la madrugada, con tu amiga delante, y te lo guardas muy digna "para abrirlo cuando tenga tiempo". El mundo sabe que lo insípido, lo magro, y los exs, nos causan muchísima risa a las mujeres.

La limpieza íntima femenina es otro gran negocio. Todo lo que anule y perfume el pecaminoso olor femenino es susceptible de ser fabricado. Recordemos otro producto estrella que se quedó -incomprensiblemente- por el camino: los tampax fresh, destinados a dejarte el cuello del útero perfumado. La regla, y el olor genital femenino, son una lacra que hay controlar, extirpar y fumigar con todo tipo de productos odourcontrol que cualquier día podremos mezclar directamente con el detergente del suelo para fregarlo todo al mismo tiempo. Los penes y los testículos, en cambio, huelen a hierba fresca recién cortada y su suave aroma tras una noche de fiesta es poesía pura.

Pero más allá de las cosas típicamente femeninas (la dieta, la limpieza y los exs) hay productos mucho más desconcertantes. Una sutil invasión está colapsando nuestro mundo sin que estemos haciendo nada para evitarlo. La invasión de los conejos. Asisto perpleja a la propagación de las fundas para móvil con orejas de conejo. Unos protectores absolutamente ridículos que convierten los teléfonos en muñequitos de goma y que usan sin pudor mujeres de más de 8 años. Esas orejas –rosas, a poder ser– que sobresalen por encima de la cabeza de tu abogada mientras tramita el divorcio con tu ex. El universo femenino se está conejizando. El conejito de Norit limpieza suave, los tatuajes PlayBoy que las chicas se siguen haciendo en la barriga porque somos muy traviesas, esas orejas que ponen una y otra vez en las despedidas de soltera... y, lo peor: los vibradores que estimulan tu clítoris CON FORMA DE CONEJO. Ese pobre animal transgénico de delicada salud tantas veces regalado por los novios para causarte sufrimiento y culpabilidad. Unos bichos absolutamente inútiles y estúpidos –a la par que adorables y suavecitos– con menos esperanza de vida que Nicolas Cage en Leaving Las Vegas, capaces de tragarse su propio pelo hasta darse muerte. El conejo se ha convertido en un símbolo de control del capital que anula el juicio de las mujeres. La lucha feminista se perderá el día que Ágatha Ruiz de la Prada diseñe un vibrador con forma de conejo.


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