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Bolas templadas

Vuelve la Champions y, con ella, la mejor competición de fútbol del mundo en mi opinión. La disputa de las tan ansiadas semifinales viene marcada por un sorteo digamos que bastante amable una vez más para el Real Madrid. Otra vez le ha tocado el rival más débil. Otra vez, encima, jugando la vuelta en casa. Otra vez, en definitiva, Tito Floren haciendo de las suyas, moviendo sus interminables hilos y abrazando con sus tentáculos a cualquier iluso que pretendiese cuestionar su autoridad, pero que ahora debe hacer frente a la cruda realidad y rendirse al ser superior.

Bien… pues esto es basura. Mis amigos madridistas, que suelen ponerse muy nerviosos con todo, pueden estar tranquilos. Ni Florentino amaña sorteos, ni el Madrid es el niño mimado de la Uefa. El máximo ente del fútbol europeo no tiene predilección por el color blanco. Solo tiene un gusto especial por el verde, el amarillo y el morado de los billetes de 100, 200 y 500 euros -los de menos valor son para pobres-.

Solo tenemos que analizar el número de espectadores en las diferentes finales de Champions para comprobar que un enfrentamiento del tipo del Oporto-Mónaco disputado en 2004 no beneficia a nadie

Y aquí es donde aparece el quid de la cuestión. Por todos es sabido que el dinero suele atraer a los indeseables de igual forma que una bosta como un camión de grande atraería a las moscas. Por tanto, ¿podemos confiar en los dirigentes futbolísticos europeos con tanto dinero en juego? La respuesta que yo doy es muy gallega: ni sí, ni no. Depende.

Antes de desarrollar mi particular punto de vista me gustaría revelar algo. Soy muy escéptico. Muchísimo. Más de lo que se imaginan. Para que se hagan una idea, un día estaba navegando por internet en alguna página web -de fútbol, supongo, ¿qué otra cosa podría haber en internet?- cuando de repente me saltó el siguiente mensaje: “¡Enhorabuena! Es usted nuestro visitante 1.000.000 y ha ganado un estupendo Ipad”. Bien, pues fíjense si soy escéptico que inmediatamente supe que era un timo y realmente no había ganado nada. Perspicaz que es uno…

Bien, pues creo que todos deberíamos ser igual de escépticos con la Uefa. Solo tenemos que analizar el número de espectadores en las diferentes finales de Champions para comprobar que un enfrentamiento del tipo del Oporto-Mónaco disputado en 2004 no beneficia a nadie. Cualquier partido de cuartos de final, o incluso de octavos, entre dos equipos punteros de Europa atrae a más audiencia que esa final. Y eso es un problema.

La final de la Champions, al igual que la de un Mundial, atrae a un público mucho más heterogéneo que de costumbre. Al igual que los espectadores que son capaces de ver la Super Bowl sin saber una mierda de fútbol americano ni haber visto ningún partido de la liga regular -entre ellos, yo mismo-, hay un enorme grupo de personas dispuestas a ver el partido donde se decide la Champions League sin que les guste el fútbol siquiera. Esa audiencia potencial, tan importante para las televisiones -que son las que sostienen el chiringuito-, no quiere ver un Oporto-Mónaco, con todos mis respetos a ambos. 

No les interesa que el azar mande, en buena parte porque el azar, al igual que un niño al que le quitan su juguete, suele ser caprichoso

¿De verdad creen que la Uefa se puede permitir que regularmente se repitan finales o incluso semifinales de este perfil? Obviamente yo no lo creo. Por tanto el organismo intentará por todos los medios guiar el proceso para que este tipo de circunstancias no vuelvan a repetirse. Y aquí llego a donde quería. ¿Significa eso que todos los sorteos están amañados? Tajantemente no. Es prácticamente imposible hacerlo sin levantar más sospechas de las que hay y la Uefa no puede permitirse un escándalo de ese tipo.

Sin embargo sí que hay más de un indicio que hace dudar de la integridad total del proceso. El principal, el método de sorteo. Las urnitas y bolitas están muy bien pero resulta cuanto menos extraño que la participación humana le robe tanto protagonismo al azar. Si quieren un sorteo libre de sospechas podrían pedirle prestado a las chicas del Telecupón el bombo usado para desvelar las centenas, decenas de millar o el reintegro. Las caras bonitas de la Uefa como Figo, Zambrotta o Butragueño podrían subir a la palestra a lucir palmito exactamente igual que hasta ahora, incluso podrían poner la misma sonrisa de cartón piedra cuando les enfocasen las cámaras y el engominado pelo de Figo seguiría brillando de igual forma ante la luz de los focos.

Pero no lo hacen. No les interesa que el azar mande, en buena parte porque el azar, al igual que un niño al que le quitan su juguete, suele ser caprichoso. No pueden permitírselo.

Lo peor es que el ruido que se genera a raíz de esta ambigüedad suele atraer a los máximos amantes de las conspiraciones, quienes igual por la mañana aprecian un tic sospechoso en la ceja de un participante en el sorteo de Champions, que por la tarde te ven un OVNI mientras iban a buscar setas al monte. 

En definitiva, mi opinión es que la Uefa no amaña todos los sorteos, ni siquiera una parte importante de ellos, pero sí que los ha dirigido en alguna ocasión hacia donde les convenía. Quizás por eso estos sorteos suelen beneficiar a los equipos grandes,que arrastran una cantidad exageradamente grande de seguidores, pero que están en horas bajas. No compensa que se queden pronto en el camino.

Podría decirse que no confío en la transparencia absoluta de la Uefa pero tampoco la considero el ente más corrupto de la historia. Como buen gallego, ni subo, ni bajo. Nin vou alá nin fago falta. O dicho de otra forma, no creo en la teoría de las bolas calientes… pero sí en la de las templadas.

 

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