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La vida es bella

La película que lleva el mismo título que he decidido utilizar para este artículo, es una de esas cintas que nunca mueren. Obras maestras que permanecen casi intactas en nuestras retinas, ya no solamente por la forma utilizada, sino por un fondo que nos muestra sin tapujos el mensaje universal que representa la capacidad de adaptación a un medio desconocido, por amor.

Desde mi punto de vista, la existencia es la búsqueda incesante de la felicidad y la persecución de sueños —acertados y desacertados— por lograrla. Una expedición desesperada por encontrar lo que uno anhela, aunque acabe sin conseguirlo. Pero es en esas travesías del desierto donde, a veces, se encuentran oasis inesperados en los que afincarse y olvidar lo que pudo haber sido y no fue.

Mientras buscamos no dejamos de avanzar. Crecemos como individuos al explorar nuevos mundos. Absorbemos la vida andando hacia un objetivo, aunque lleguemos a perdamos y acabemos en lugares inesperados. Y es que la existencia, tal y como señalaba Kipling en su famoso ‘Sí’, no es más que continuar caminando sin mirar nunca hacia atrás.

Aquel que se paraliza, que no arriesga, que no investiga, ni trabaja en el crecimiento personal; ya sea por miedo a no encontrar nada de su agrado, o a verse obligado a abandonar su zona de confort; está condenado a la muerte en vida. A ser un sucedáneo de sí mismo o una mala copia de su versión más pobre.

Hay que ser conscientes de que la vida, más allá del trabajo al que todos estamos supeditados para lograr sobrevivir y mantener la mente entretenida, hay que vivirla. Es necesario hacerlo, aunque estemos condenados a morirla. Es preciso comérsela a mordiscos antes de que ella nos engulla a nosotros y, para ello, es imprescindible estar preparados para cambiar a nivel personal y despojarnos de viejos estereotipos.

Pedro Calderón de la Barca, tituló ‘La Vida Es Sueño’ a su obra más paradigmática. Yo bautizaría como ‘La Vida es Juego’ a este deambular que, por algún motivo desconocido, nos obliga a superarnos a nosotros mismos eligiendo senderos, bajando listones y reinventándonos de forma continuada.

Y es que, a mi juicio, no somos más que estrategas de una partida compuesta por piezas cuyo fin es el de llegar a la meta tras haber tenido un recorrido —en líneas generales—, bastante satisfactorio.

Así que van a permitirme que este texto vaya por los que buscan, aunque no acaben de encontrar. Por los que intentan avanzar, aunque luego se acaben perdiendo y, por los que viven a fondo, aunque después acaben muriendo. 

Por todas las personas que no pierden la esperanza de ilusionarse de nuevo, intentando y volviendo a intentar, sin cesar jamás en su empeño y estando dispuestas a aprender lecciones que, más tarde, no dudarán en volver a aplicar. Y entre aprendizaje y puesta en marcha, surgen los cambios.

Porque, como decía Benedetti, lo que uno quiere de verdad es lo que está hecho para uno… Entonces hay que tomarlo e intentar… Y en eso se te puede ir la vida, pero es una vida mucho mejor. Es una vida bella.

La vida es bella
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