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El coronel

En la "guerra más allá de la guerra", nuestro voto es un arma más eficaz que cualquiera

SAL ALGO BUENO tiene el periodismo, que aún no estoy seguro de que lo tenga, es su profunda ignorancia de cuna. El pecado original de los periodistas es que nos suponemos especialistas en todo, que es más o menos lo mismo que no tener ni idea de nada, aquello tan manido de «un océano de conocimiento de un centímetro de profundidad». Hay baches en nuestras carreteras con mucho más calado. Por eso, a poco tiempo que pases en esta profesión y si no eres tonto del todo, que también se han dado casos, acabas asumiendo la máxima de que el periodista no es el que sabe de cualquier tema, sino el que tiene el teléfono de los que de verdad saben.

Hace unas semanas cayó en mis manos uno de esos teléfonos. Al otro lado del auricular respondió Pedro Baños, un coronel en la reserva que se ha formado en los mejores foros y escenarios internacionales en temas como geoestrategia, seguridad, terrorismo y servicios de inteligencia. Resultó ser, además, uno de esos expertos que escuchan la pregunta y la responden con claridad, precisión y la suficiente condescendencia como no para no echarte en cara tu ignorancia recién adquirida sobre el asunto por el que le preguntas.

Yo le había preparado unas agudísimas y brillantes preguntas sobre incremento de tensión internacional, riesgos bélicos y geopolítica en un escenario nuclear, y él me cogió de la mano como si ayudara a un niño a cruzar la carretera y me llevó hasta la realidad de la acera por la que transitamos, que los tipos como él, que son capaces de mirar con el desapego de un forense un escenario de trincheras y cadáveres, conocen como «la guerra más allá de la guerra».

Se refería con ello, pero de una manera mucho más sistematizada y con conocimiento directo de causa, a todos esos avisos que nos llegan deslabazados sobre "fake news", intoxicaciones interesadas y manipulación de sentimientos y emociones que nos han convertido ya en víctimas y a la vez soldados en una guerra global en la que el campo de batalla es toda la población. «Tenemos que saber», recomendaba sin tono moralizante alguno, con distancia de militar profesional, «que nos tratan de idiotizar, de infantilizar, porque es la manera de tenernos más controlados».

Lo que siguió fue esta campaña electoral con la que nos acaban de bombardear, bombas de racimo en forma de mensajes simplistas, propuestas naif, candidatos ridículos y miedo. Sobre todo mucho miedo. Una estrategia diseñada con frialdad y ejecutada con precisión para arrebatarnos el poder soberano que se supone que tenemos los ciudadanos en una democracia.

Siempre habrá quien rija los destinos de los demás, pero necesitamos políticos capaces

Algunos, por edad, tradición y reservas ideológicas mal digeridas, no estamos acostumbrados a que un coronel nos desarme en nuestro terreno: «Lo más preocupante que han conseguido con todo esto», lamentaba Baños, fijando el objetivo sin decirlo en nuestros políticos y en nosotros mismos, «es el descrédito de la democracia, en especial entre la gente más joven, que cada vez está más descreída y desilusionada por el abuso que ha habido por parte de algunos políticos. Es muy preocupante porque la política siempre existirá, siempre habrá quien rija los destinos de los demás, pero necesitamos políticos verdaderamente capaces. Ese descrédito de la democracia nos está llevando a que cada vez haya menos personas capacitadas y solventes que quieran participar en el sistema político, muchas veces por los ataques sistemáticos cuando ni siquiera se han sentado en el sillón de su cargo. Esto no deja de ser muy preocupante porque lo que estamos haciendo entre todos es desmontar un sistema que hasta ahora funciona perfectamente, un sistema ventajoso en todos los ámbitos».

No todos los políticos son iguales, ni da igual votar que no votar ni a quién se vota. Pero en esta guerra en la que queramos o no estamos ya metidos, hoy se disputa una batalla tan decisiva como antes fueron otras muchas, las que han traído a España hasta los niveles de bienestar y libertad de los que disfrutamos, y como otras muchas serán después, las que nos quedan para consolidar y mejorar lo que hemos conseguido.

Lo bueno es que a esta batalla todos nos presentamos con la misma arma, nuestro voto, la más eficaz de las que conocemos para recuperar el respeto por la democracia y por nosotros mismos que los mercenarios del miedo nos quieren arrebatar. ¡Voten, es una orden!

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