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Al fútbol español lo estamos volviendo loco, loco, loco

TRAS LOS acontecimientos recientes es difícil que alguien pueda negar que al fútbol español lo estamos volviendo loco, loco, loco. Entre el covid-19, la insensatez de algún dirigente y el silencio cómplice de muchos, van a conseguir que puedan desaparecer los que nunca fallan, los aficionados, porque son los únicos que nos quedan, a pesar de cometer los mayores atropellos a nuestro deporte. El fútbol está demostrando que puede con casi todo, como si nunca pasase nada.

Ya somos capaces de admitir que la decisiva última jornada de Liga no se dispute de forma unificada, por causa de un equipo forzado a viajar por la orden del mismo mandatario que había impuesto la norma del horario y fijado el protocolo del covid.

O ya vemos como normal que nadie explique por qué se permitirá público en campos de fútbol de Segunda B y Tercera, al menos en Galicia, cuando prohibimos asistir a los aficionados a los estadios de las categorías de élite. El Celta B podrá jugar con espectadores en un Barreiro, apto para 1.500... pero el Celta de la Liga Santander, tendrá que jugar en el también vigués Balaidos, con licencia para 29.000, sin público, a pesar del exigente protocolo de LaLiga. ¿Ustedes lo entienden? Yo, no.

O llama la atención que no se le pregunte a Irene Lozano qué pasó con el Pacto de Viana que garantizaba el cese del continuo choque entre FEF y LaLiga, cuando ésta sigue señalando partidos lunes y viernes, para rectificar, un par de días más tarde... hasta la semana siguiente.

Y, para redondear la faena, la FEF, que se había librado en gran parte de los casos anteriores por protagonismo de LaLiga y CSD, se suma al despropósito generalizado —en parte aprovechando el interregno por las elecciones federativas— aprobando un formato de Segunda B, que parece diseñada por el enemigo de Luis Rubiales.

Por la incidencia que tendrá en toda España esa reestructuración del curiosamente denominado fútbol no profesional, me centraré en valorar el triste futuro inmediato que ya predijimos en artículos anteriores y que hoy, por desgracia, certificamos.

Cómo acercar el profesionalismo a 2ªB y El gurú de 2ªB, un Caballo de Troya en la FEF, se titulaban mis publicaciones de mayo y en los que ya defendía mis tesis, pocas veces tan convencido del fracaso del formato que tanto dañará la 2ªB.

La realidad es que tan solo he podido ayudar a salvar un punto de los tres básicos que entonces comprendía la propuesta federativa: la conformación de los grupos por proximidad geográfica y no por la puntuación deportiva de la 2019- 20, como se había ideado. Lástima que mucha peor suerte corrieran mis peticiones sobre que se mantuviesen los sistemas tradicionales de los 4 grupos y el Play Off final.

La exigencia de los 4 grupos no era un capricho. Cualquiera que haya dirigido una sola vez competiciones con grupos previos a fases posteriores no lo dudaría nunca. Descartaría de inmediato 5 grupos, porque destrozan combinaciones posteriores, mientras que 4 grupos, con el número de equipos que tuviese que corresponder a cada uno, posibilitaría mantener los Play Off de ascenso como han sido hasta ahora.

La 2020-21 estaba llamada a ser la temporada histórica de la Segunda B —y por eso me parecía un enorme error romper con el sistema básico ya asumido por clubs, aficionados y medios— y vaya si lo será. Al final nos han impuesto la Operación Sinsentido.¡5 grupos y 102 clubs! Unos números, de grupos y clubs, derivados de una total improvisación (se pasó de 80, a 98, a 100, para finalizar en 102 equipos) sin prever las consecuencias que ello tendría en una competición en la que dos, de los diez subgrupos, disputarán 4 jornadas más que los ocho restantes, lo que obligará a idéntico descanso de los demás, o clasificar al mejor de los cuartos clasificados para optar al ascenso a Segunda, por citar un par de casos. Una locura.

Intuyo que muchos ni se han enterado de los riesgos que acechan a los clubs fuertes de esa Liga, porque llama poderosamente la atención el silencio de los clubs ante un sistema competitivo que más que una Liga parece una Copa Exprés. Y no lo es... pero lo parece, porque no pueden jugarse las jornadas decisivas a un solo partido en una ciudad neutral. Sobran muchas fechas y se les roba a aficionados y a clubs, un muy atractivo Play Off con público y con unos ingresos más que necesarios.

Resolvamos, al menos, lo que aún estamos a tiempo: disputar a doble partido todo el Play Off. Solo se necesitaría aumentar dos jornadas para determinar los ascensos y un par más para despedir la categoría con un Campeón de la última Segunda B.

Eché en falta una rotunda oposición pública de muchos clubs que, me consta, han realizado un extraordinario esfuerzo económico para intentar alcanzar el ascenso en una temporada muy especia. Me refiero a los históricos Deportivo, Hércules, Racing, Murcia, Recreativo, Numancia, Cordoba, Salamanca, Nastic, Burgos, Lleida, Cultural, Badajoz, Extremadura, Baleares...a filiales de Madrid, Barsa, Atléticos a la cabeza... y a mis queridos Pontevedra, Racing, Compostela, Coruxo y Celta, en lucha por no jugarse a la caída de los đados su ascenso a la Liga SmartBank y a la Primera RFEF.

Mal se comienza ese acercamiento al fútbol profesional si recortamos las jornadas y, con ella, las posibilidades de los clubs de economía más poderosa para configurar una Liga similar a la League One inglesa. La FEF ha perdido la gran oportunidad de realizar una buena reestructuración de esta categoría. Era difícil hacerlo peor. y lo logró. Creo que han fallado en todo: en su formato para el presente —entiendo que es una locura la Liga 2020-21— y en la reestructuración de futuro, al mantener esos 80 equipos de la 2ªB tradicional —ahora en la Segunda RFEF— una división costosa en lo económico y poco atractiva en lo deportivo, en lugar de reforzar la 3ª División.

Habría que resucitar La Codorniz, que presumía de ser la revista más audaz, para el lector más inteligente, para enviar a La Cárcel de Papel al ingenioso creativo que dio a luz este engendro que pondrá fin a la histórica Segunda B, aunque quizás sea poca castigo a la vista del daño causado. Yo, si fuese el reelegido Juez Rubiales, no lo dudaría: condenaría al cerebro de la Operación Sinsentido a galeras.

Al fútbol español lo estamos volviendo loco, loco, loco
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