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Cuando el Deportivo soñó con el Mundial de Clubes

Figurábamos como favoritos, tuteando a Madrid y Boca. No acudíamos como convidados de piedra al evento, porque nos encontrábamos en un momento estelar, tras haber ganado la Liga
Mauro Silva durante un partido. AEP
Mauro Silva durante un partido. AEP

UN 5 de marzo, pero de 2001, la gran cascada de Paco Vázquez, que brota desde la explanada que tanto disfruté de niño en el monte de Santa Margarita, recibía altiva a los exóticos visitantes que llegaban, desde los cinco continentes, para asistir en el Palacio de Congresos al sorteo del Mundial de Clubes del año 2001.

Recuerdo esta posibilidad de haber sido campeones del mundo, porque suele ser el eterno olvidado de los grandes hitos del Deportivo, que pudieron ser y no fueron. Todos recordamos lo cerca que estuvimos del título de Champions; somos menos los que no olvidamos que pudimos alcanzar la Recopa de Europa... pero casi nadie suele hablar de lo cerca que estuvimos de ser campeones del mundo de clubes.

Y, sin embargo, fue una seria realidad, porque figurábamos como favoritos en un podio, tuteando a Madrid y Boca Juniors. No acudíamos como convidados de piedra al evento, porque nos encontrábamos en un momento estelar, tras ganar La Liga y fichar, entre otros, a Valerón, Tristán, Molina, Capdevila...

No creo exagerar si digo que quizás fuese nuestro mejor momento histórico. Pienso que en 2001 debimos debutar en Champions proclamándonos campeones. Nos eliminó un gran Leeds, pero nosotros éramos muy superiores. Nos perdió un exceso de confianza en la ida de los cuartos europeos... mientras en España tan solo nos superó un Madrid al que en marzo de 2002 le golpeábamos con el Centenariazo.

Pero la auténtica realidad fue que Riazor se quedó sin ver al Boca, que nos debía dar el paso para jugar en casa las semis contra un Palmeiras, distante de aquel del rombo mágico que ya nos habíamos traído antes de Brasil a Galicia de los Rivaldo, Djalminha, Flavio... para llegar a una final ante el Madrid en el Bernabéu. Por desgracia, todo se quedó en otra versión del eterno cuento de la lechera.

La razón fue que la quiebra de ISL obligó a la Fifa a suspender el torneo y convirtió nuestro sueño mundialista en la peor de las pesadillas. La pérdida fue brutal. No solo lo fue la raquítica indemnización de 750.000 $, que sustituía a 50.000.000 $ en premios, sino que se esfumaba la posibilidad de ser campeón del mundo, justo en las fechas que la Fifa nos había declarado 4º Club del Año. Fue este un golpe durísimo, porque todos s abí amo s que iba a ser muy difícil tener otra oportunidad.

Y eso a pesar de que el Deportivo estaba de rigurosa moda en Europa, hasta el punto que Carlos García Pardo, coruñés, amigo y hombre fuerte de Dorna, nos invitaba a participar como "fundadores" en su precursora idea de la Superliga, de la que se habla tanto hoy, y no se le cita, y que "jugaríamos" los grandes de Europa, con el Dépor alternando con Madrid, Barça, Juve, Milan, Bayern, Manchester, París Saint Germain, Ajax...

Es ese mismo túnel del tiempo que nos ha trasladado 20 años atrás —vísperas de disputar un Mundial de Clubes y de proclamarnos subcampeones de la Liga tras el Madrid y con ventaja de 10 puntos sobre todo un Barça— el que nos devuelve a la cruda realidad que vivimos hoy, con un deportivismo aterrorizado por un loco formato de la Segunda B ¡Como para que alguien diga que 20 años no es nada!

La afición se encuentra histérica. Restan tres jornadas para finalizar la decisiva primera fase de esta maldita fórmula y solo la fe mantiene la esperanza de arribar en plena tempestad a ese puerto prometido que es la Liga SmartBank... pero a los incrédulos les preocupa que el buque se estrelle contra acantilados bautizados, cual si de puertos puntuables se tratase, como de Primera, Segunda, Tercera RFEF.

Nos encontramos ante las etapas reinas. Las que esperan los líderes para triunfar y demostrar que son los mejores por algo. Es nuestro momento, el de los ganadores. Y nosotros lo somos. Por eso no creo que estuviese muy afortunado De la Barrera cuando, tras jugar varias finales, que no eran tales, se precipitó al declarar que habíamos desaprovechado la última bala para el ascenso. Me rebelo a admitirlo. Estoy convencido de que la última bala todavía permanece en el tambor. Cosas mucho má s difíciles h e m o s visto, porque el fútbol es muy agradecido y siempre ofrece una oportunidad más... al que confía y la pelea hasta el final.

Nueve puntos pueden ser suficientes para entrar entre los tres primeros, pero no podemos fallar. Concentrémonos de verdad en el objetivo y no juguemos más a la ruleta rusa. Aún estamos a tiempo, pero no queda otra que vencer en ese partido, ahora sí a vida o muerte, contra el entrañable club del "Hai que roelo"... y rezar.

Y, si falla el plan A, ya buscaremos la mejor alternativa. Intentar tranquilizar a los deportivistas con la manida frase de "el futuro pasa por la cantera" es minusvalorar la inteligencia de una afición centenaria que es consciente de que la buena generación que llega está demasiado verde para poder esperar por ella y que la que debía estar madura —la del ascenso de 2014 y herederos— la hemos destruido.

Tiempo habrá para profundizar sobre la cantera y otros temas trascendentes que nos preocupan a más de 25.000 accionistas, pero hoy, como con razón pide el presidente Couceiro —al que reitero mis mejores deseos, "a Escotet y consejo porque sus éxitos serán los de todos los deportivistas ", que ya les había enviado a través del artículo El mando único del Dépor debuta con una victoria ilusionante’, y que parece no le han pasado desde el nutrido departamento de comunicación del club— decíamos que, como nos insiste Couceiro, hoy solo nos centremos en "¡Pontevedra, Pontevedra, Pontevedra! ¡Forza Dépor, Forza Dépor, Forza Dépor!".

Yo, por invitación del presidente, que agradezco, torceré desde el estadio.

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