Opinión

¿Y si yo no...?, ¿Y si yo no...?

La muerte es una hijaputa. Te hace añicos donde más te duele. A mi edad tendría que estar debatiendo sobre las expectativas para la próxima temporada de los equipos de mis colores, del ataque de testosterona de Prigozhin y Putin o de las parejas de hecho que copan el papel couché de la política, Sánchez-Díaz vs Feijóo-Abascal. Pero el atroz esqueleto que empuña una guadaña se está colando, con más frecuencia de la deseada, en las charlas con mi entorno.

Contaba una familiar el sobrecogedor diálogo que mantuvo en el tanatorio con la madre de un amigo suyo, que perdió la vida en un accidente de tráfico. Por si no le llegaba con estar rota por el dolor, esta septuagenaria tenía además sentimiento de culpa. Le explicaba a su interlocutora que el niño de sus ojos había fallecido cuando se desplazaba a visitarla porque ella se lo había pedido.

Le preguntaba entonces: Y si yo no llego a llamarle?, y si yo no le pido que venga?... Se responsabilizaba la progenitora. Otra participante en la conversación, que desgraciadamente sabe bien de lo que habla, respondió tajantemente con un no. No caben los remordimientos en las personas que se desviven por los suyos y que les han demostrado incondicionalmente su amor. 

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