Opinión

Un callejero punto limpio

Rehuyo el postureo del binomio viajes-gastronomía en las redes sociales. No lo cuestiono, pero me causa rubor solo pensar en practicarlo. Utilizo, por una parte, el ciberespacio, lo del metaverso me queda a años luz, para dar rienda suelta a mi forofismo deportivo. Eso sí, de forma contenida, no sea que... Y por otra, desde que se levantó el último estado de alarma, para denunciar, a veces con cierto ingenio, aunque esté mal que yo lo diga, el punto limpio en que nos empeñamos en convertir a diario las calles de Lugo. No acabo de entender por qué nos resulta más fácil depositar colchones, televisores, inodoros o bicicletas estáticas en desuso en cualquier esquina de la ciudad, en vez de levantar el teléfono y llamar al servicio correspondiente para que nos venga a recoger gratuitamente esos enseres a los que ya no queremos darles una segunda vida y que nos estorban en nuestros domicilios. A lo largo de estos más de 30 meses que llevo realizando este estudio sociológico, sin ningún rigor científico, he encontrado y han encontrado por mí tantos artículos abandonados en la vía pública que me daría para amueblar y alicatar los baños hasta el techo de al menos diez viviendas, como si fuese un gran tenedor.

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