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Tarde rectifica el PP

SIN NOVEDAD en la última comparecencia pública del presidente del Gobierno. Tan previsible como de costumbre. Rajoy vuelve a pedirnos la comparación entre la España al borde del rescate de 2012 y la España que ha dejado de ser el enfermo de Europa. Ahora se felicita de poder bajar impuestos, devolver la paga extra a los funcionarios y presumir de país aventajado en crecimiento y creación de empleo dentro de la Unión Europea.

O sea, el persistente relato de una política económica que nos sacó de la crisis pero sin dedicar un turno a los costes sociales de la operación. Moncloa no sabe o no quiere hacer pedagogía sobre el hecho de que crecer y crear empleo en base a unas condiciones externas favorables, salarios bajos y empleos mayoritariamente precarios, no es sostenible desde el punto de vista social. Ni siquiera desde el punto de vista económico, según los expertos que defienden que la vocación social del empresario siempre acaba repercutiendo en la cuenta de resultados.

No se puede hablar de recuperación cuando más del 90 % de la contratación es temporal y en torno al 80% de los contratos por solo tres meses de vigencia, cuando apenas dos de cada 25 contratos son de calidad (indefinidos y a tiempo completo), cuando casi la mitad de los trabajadores son ‘mileuristas’ y, en fin, cuando aumentan los parados de solemnidad (larga duración) mientras disminuye la protección por desempleo.

En estas nos sale al paso un tardío descubrimiento en el estado mayor del PP. Me refiero a esa manufactura electoral que hace unos días se vendía en un periódico de tirada nacional bajo el nombre de «economía con alma». Aparece como el gran resorte verbal del partido del Gobierno ante las elecciones generales del 20 de diciembre. Uno tiene serias dudas de que eso sirva para desactivar el discurso de los socialistas, sus reales adversarios en la lucha por la Moncloa, o para recuperar el voto conservador fugado a Ciudadanos, que es su competidor en los caladeros electorales del centroderecha. Muy tarde se dan cuenta en el PP de que, efectivamente, como le han dicho sus adversarios, tal vez la reforma laboral se haya convertido en una fábrica de pobres. Y de que quizás esa salida de la crisis tan cacareada a todas horas, se haya ofrecido como un mero saldo contable. En verde, por supuesto, pero nunca como una recuperación sostenible desde el punto de vista social. O sea, justa y duradera. Lo insostenible hubiera sido argumentar que al Gobierno siempre le preocupó realmente el aumento de las familias con problemas para llegar a fin de mes o al borde de la pobreza o la exclusión. Mentira. No se hubiera compadecido con su política económica: la de los recortes, la devaluación salarial, el empleo precario y el rescate a la Banca. Tan insostenible como argumentarlo cuando los equipos de Jorge Moragas se disponen a manejar la "economía con alma" como un producto del marketing electoral de cara al 20-D.

Tarde rectifica el PP
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