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Larvas de tiranía

LA FIEBRE AMARILLA y las recientes actuaciones de la Junta Electoral Central sobre el uso partidista de espacios públicos en la Cataluña gobernada por los independentistas ha vuelto a poner en evidencia que cada uno de estos, al menos sus dirigentes, llevan dentro las larvas de la tiranía. Unos lo saben y otros no.

Huelga aburrir al lector con la memoria reciente de lo ocurrido. Básicamente, resistencia a cumplir la ley por parte de gobernantes autonómicos y municipales partidarios de romper con el Estado. Eso sí, en nombre de la democracia, la libertad de expresión, el derecho a decidir y otras grandes palabras puestas al servicio de los grandes sofismas del independentismo.

El fondo de su desafío es la aversión a una legalidad española que se quiere sustituir por una legalidad catalana. Tan sencillo como eso. Y en eso consiste el llamado procés, hoy por hoy fracasado en sus objetivos. Pero resulta que la legalidad española es la única vigente y responde a un principio universal: el imperio de la ley. En un sistema de frenos y contrapesos que nacieron como antídotos de la tiranía.

En otras palabras, nacieron para evitar la usurpación del poder por un solo individuo, que no es el caso, o un solo grupo, que es el caso de Cataluña, donde una fuerza política determinada, que representa a una parte importante de la población, quiere imponerse ilegal y unilateralmente a otra parte no menos importante (mayoritaria, por cierto).

El tirano o los tiranos son los que burlan las leyes en su propio beneficio apelando demagógicamente a principios democráticos

El tirano o los tiranos son los que burlan las leyes en su propio beneficio apelando demagógicamente a principios democráticos. Torra invoca el derecho a la libertad de expresión para seguir colgando en la sede de la Generalitat símbolos independentistas en periodo electoral. Y en este punto es inevitable recordar que Platón estaba convencido de que los demagogos se aprovechan de la libertad de expresión para erigirse en tiranos. El president parte de una insumisión fundacional, no ocasional, frente a las leyes del Estado español. Aspira a sustituirlas por otras leyes y otro Estado. Así que nadie puede sorprenderse de sus desdeñosos comentarios sobre el tribunal que juzga a los dirigentes independentistas procesados. Ni de sus mostrencos regates a los requerimientos de la Junta Electoral Central. La única sorpresa en todo caso es el temerario grado de indiferencia con el que miran o miramos a Torra y compañía sin ver, o sin querer ver, la obligación que todos tenemos de defender la legalidad para defendernos de la tiranía, porque eso es justamente lo que planea sobre el grupo que quiere usurpar el poder de media Cataluña contra la otra media.

Si queremos sublimar el carácter de la conjura, hablemos del intento de usurpar el poder en nombre de una nación, como el comunismo fue el intento de usurpar el poder en nombre de una clase social.

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