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Kosovo, distinto y distante

CON DIEZ años de retraso España reconoce la independencia de Kosovo. Sin que lo parezca. O sea, extraoficialmente. Por vía deportiva, no por vía diplomática. Por tanto, España sigue siendo uno de los setenta países que no reconocen ese Estado por haber nacido unilateralmente. Pero a partir de ahora permitirá que sus deportistas participen con sus símbolos, su bandera, su himno, en las competiciones que tengan lugar en España.

Son los términos del comunicado que el pasado miércoles hicieron público de forma conjunta el COI (Comité Olímpico Internacional) y el COE (C.O Español). Una decisión de hecho que genera una duda de derecho. En el terreno de las relaciones internacionales, e incluso en el de la seguridad jurídica exigible por cualquier actor político o económico, se añade un elemento de incertidumbre sobre la posición oficial del Reino de España respecto a la existencia del citado Estado kosovar.

Por eso es urgente una aclaración del Gobierno. A sabiendas de que la sombra del conflicto catalán acompañará inevitablemente cualquier razonamiento sobre lo que se haga o se deje de hacer. Razón de más para considerar apremiante dicha aclaración. Y a sabiendas también de que, por tratarse de un asunto de Estado, Moncloa no puede-no debe formar criterio sin previa consulta al principal partido de la oposición. Entre otras cosas porque ese partido, el PP, apoyó en 2008 la posición del Gobierno Zapatero contraria al reconocimiento de la República de Kosovo, que declaró su independencia en febrero de 2008.

Va a ser inevitable toparse con la tentación tóxica de establecer paralelismos con el caso catalán. Con eso deben contar el Gobierno y el PP cuando traten el asunto de forma conjunta. En todo caso, las comparaciones serán odiosas. Nada tiene que ver Cataluña con Kosovo. Pero lo parecerá si se mantiene el rechazo diplomático de España al Estado kosovar mientras se le reconoce en la práctica por el uso de sus símbolos nacionales en pruebas deportivas que se celebren en nuestro país.

Por eso soy partidario de que España se sume a los 120 países de la ONU que reconocen a Kosovo como país independiente. Le bastaría acogerse al pronunciamiento de la Corte Internacional de Justicia (Tribunal de la Haya), que en julio de 2010, y a petición de la ONU, sentenció que la declaración independencia de Kosovo no había violado la legalidad internacional.

España debería reconocer a Kosovo y utilizar el gesto como un disolvente del malintencionado paralelismo que muchos querrán hacer con el conflicto catalán. Si, por el contrario, nuestro país persiste en seguir alineada en este asunto con Rusia y China, y desalineada con los principales países de la Unión Europea, estará emitiendo el mensaje de que teme realmente el efecto contagio en Cataluña.

Kosovo, distinto y distante
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