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El adiós de Soria

LA SIEMPRE incomprendida lucidez del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, sirvió este viernes para sentar la sencilla doctrina sobre una de las muchas incompatibilidades del hombre público: "No se puede estar en el Gobierno y haber operado en paraísos fiscales". Hecho el gasto por Montoro, mientras Rajoy se escondía entre los pliegues de la púrpura, la vicepresidenta, Sáenz de Santamaría, sólo tuvo que rematar a puerta vacía: "Estoy de acuerdo con el ministro de Hacienda, como no podía ser de otra manera". 

Fue así como ingresó el ministro de Industria, José Manuel Soria, en la galería de juguetes rotos de la política nacional. Y así terminaba una carrera de veintitantos años en la vida pública. Los que habían pasado desde 1a familia Soria exportaba tomates y practicaba algo muy parecido al separatismo fiscal, si es que no acabamos encontrando una explicación mejor para su querencia hacia los dineros opacos descubiertos con carácter retroactivo en los llamados papeles de Panamá. 

Después de tantos años, vaya usted a saber. Eso debió pensar cuando decidió acogerse a la coartada de que el tiempo lo cura todo. De hecho, en el propio entorno de Mariano Rajoy, en un principio, se había aceptado de buena gana la eximente de que el interpelado por las filtraciones a El Confidencial y La Sexta no podía tener una información precisa "sobre hechos que ocurrieron hace más de veinte años". De modo que nadie podía endosarle la voluntad de mentir. Solo la de haber incurrido en imperdonable torpeza expresiva o argumental. 

Así es. En nota pública para anunciar su renuncia irrevocable a las funciones de ministro y retirada de la política, José Manuel Soria no se fustiga por haber mentido sino por haber cometido "errores en sus explicaciones". Y en este caso, fue Moncloa la que remató a puerta vacía para recordarnos a todos que en realidad no estamos ante un caso de "corrupción", pues los hechos no tienen absolutamente nada que ver con el ejercicio de su actividad política a escala municipal, autonómica y nacional, según sus distintas épocas de vida pública. 

Aún así, es consciente del daño que sus enrevesadas explicaciones estaban haciendo "al Gobierno, al PP, a mis compañeros y a los votantes", en un momento político, "singularmente grave", dice el comunicado, elaborado después de una conversación con el presidente en funciones, Mariano Rajoy. 

Hay un párrafo final que parece dictado por Rajoy a su amigo con la idea de convertir a esta primera víctima nacional de los papeles de Panamá en capital electoral del PP de cara a la que ya parece inevitable convocatoria de junio. A saber, "La política es una actividad que debe ser en todo momento ejemplar, también en la pedagogía y las explicaciones publicas. Y si no es así, deben asumirse las responsabilidades correspondientes". Al menos en esta ocasión se puede decir que un ministro de Rajoy ha predicado con el ejemplo.

El adiós de Soria
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