miércoles. 03.06.2020 |
El tiempo
miércoles. 03.06.2020
El tiempo

Vergüenzas del coronavirus

Militares de la Brilat en Lugo. SEBAS SENANDE
Militares de la Brilat en Lugo. SEBAS SENANDE

No me gustaría ser de esas personas que son incapaces de convivir con ellas mismas. Ineptos a la hora de escuchar el silencio, vehículo que les conduce a su propia voz. Una enfermedad que padecían antes de la llegada de la pandemia, pero que escondían bajo conversaciones superficiales e interacciones que no pasaban del nivel de quitapenas.

Imagínense en qué clase de criaturas del Averno nos hemos convertido que ni siquiera nos queremos reflejar en los espejos. Ni Drácula en sus mejores tiempos.

El confinamiento no nos ha cogido en el mejor momento, pero la naturaleza siempre se abre camino. Incluso la humana. Hemos llenado nuestra falta de profundidad a la hora de vivir con pésimas iniciativas que tienen como único objetivo recordarnos que seguimos siendo seres humanos. Actos funestos que son una caricatura de la existencia.

El vecino que ejerce como Dj sin que nadie se lo pida, el que sale a tocar el violín porque cree que tiene algo que mostrar al resto, el que nos recita un poema suyo pensando que es bueno, el que nos vende un discurso absurdo sobre el karma y la contaminación y un largo etcétera de personas que comparten algo: son irritantes.

Leer más: La Fiscalía abre diligencias por el bulo del bus que llegó al Hula lleno de infectados

Encuentran respaldo en el resto de habitantes, con el que tienen en común un par de cosas, la primera: son irritantes. La segunda: a las 20.00 horas todos salen al balcón para aplaudir. Algunos todavía no saben a qué. Permítanme que ponga en duda esta preciosa iniciativa, y es que parece estar más ligada a una conexión (necesaria) con la realidad que con el agradecimiento (más que merecido) a los profesionales que están velando por la salud o el abastecimiento de todos.

Una performance superflua y de doble cara. El residente que no sale a la hora indicada a cumplir con su deber pasa a ser señalado por el resto. Impulsado por el  Estado policial y militar en el que vivimos, cada ciudadano ha aprehendido una actitud de oficial de la Gestapo, preocupado por delatar a aquel que no solo no cumpla con las normas legislativas, sino también al que no lo haga con las morales.

Ya no se trata de buscar contacto social de manera desesperada, sino de la destrucción y de realizarse como humano a través de la participación en la maquinaria del poder ejercido por el Estado. Dejamos de creer en la responsabilidad social para hacerlo en acciones punitivas.

Desde escupir e increpar a gente que camina por la calle, aunque sean sanitarios que regresan del trabajo (sí, esos mismos a los que se agradece su desempeño), hasta aplaudir detenciones violentas.  Debemos preocuparnos por el tipo ética que va a imperar en la sociedad tras esta catástrofe. La solidaridad, los abrazos y el amor están profundamente reñidos con los policías de balcón.

Una inquietud que ha de extenderse a la hora de analizar el tipo de trabajo que están desempeñando los nuevos reyes de las calles. Parte de los militares y policías parecen actuar impunemente, ante la protección de unos ciudadanos que ven en ellos figuras mesiánicas que han llegado a las urbes para acabar con los impíos.

En este camino hacia un orden dictatorial que parecemos estar construyendo sumamos otro ingrediente, la unidad. Seguimiento ciego de lo que dictan figuras políticas. Las críticas se ven desplazadas por una visión Mr. Wonderful del mundo, en la que solo hay cabida para una supuesta felicidad que mete debajo del sofá los juguetes sin recoger.

Con la disputa ideológica sepultada tras un ente uniforme con un enemigo único y los militares en posesión de nuestras calles, uno cree haber visto esta película ya antes. No acaba bien.

Pero jugar a ser adivinos es más propio de gente sin vida interior y yo, como he dicho, no tengo ese problema. Es por eso que les dejo aquí mis ideas, no vaya a ser que tenga que convivir con ellas sin hacerlas públicas.

Vergüenzas del coronavirus
Comentarios