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Sala de espera

Galicia es una las comunidades que registra más problemas de peso. ARCHIVO
Galicia es una las comunidades que registra más problemas de peso. ARCHIVO

Odio las salas de espera. En especial cuando estás en ellas para arreglar algún trámite burocrático engorroso que te tiene más atado que David Carradine en un hotel de Bangkok. Hace calor, la ropa te molesta y el sonido es confuso. A veces, como la música de las barracas que arrastra el viento, uno llega a entender conversaciones que le amenizan ese eterno purgatorio.

- ¿Pódelo crer? Colle e sóltame que teño que facer ‘ejercicio'.

- Home, Marcial, un pouco de falta si que che fai. Hai que coidarse.

- Si, o carallo, que traballe o pailaroco ese de 8 de mañá a 10 da noite e logo falamos de se lle apetece ir a correr ou comer unha ensalada.

No pude evitar esbozar una sonrisa al tiempo que ese diálogo se perdía entre una voz artificial que advertía de que al fin era mi turno. Marcial, si lees este artículo por una divina casualidad, que sepas que tienes toda la razón existente sobre este planeta. Que no es poco.

La obesidad y el sobrepeso se han convertido en problemas capitales de nuestra sociedad. Atendiendo a datos del 2016 procedentes de la OMS, más de 1900 millones de adultos de 18 o más años tienen sobrepeso, de los cuales, más de 650 millones son obesos.

"A min tamén me gustaría comer ‘quinó’, leite de avea e evitar o güisqui"

Si nos sumergimos en las cifras nos encontramos una sorpresa que no lo es. Las masas que ocupan el escalafón más profundo de la sociedad son las más perjudicadas. Son ellas las que sufren la llamada doble  carga de la malnutrición. Un acercamiento sencillo a los alimentos ultraprocesados.

No se trata esto de resucitar a la ‘clase obrera’ como héroe ‘stajanovista’, pero cuando trabajas de sol a sol por una miseria, está difícil lo de ponerse al día con el ‘fitness’. Podemos contar paparruchas. Podemos creernos que en España todos trabajamos 8 horas, pero sabemos que es mentira.

Menos años de vida y de peor calidad. Podría decir mi amigo y profesor liberal Miguel Anxo Bastos, que lo de ser ‘gordo’ es una elección libre y que “allá cada uno”. No obstante, lo de la mano invisible es como la teoría de colas aplicada a los supermercados, no cuenta con los factores sociales que hacen que una cajera se quede hablando con ese señor al que conoce de toda la vida.

En nuestro caso no aplica los conceptos necesarios para entender que tener sobrepeso, de forma genérica, no es una opción, sino una subordinación ante un orden imperante. El ‘obeso’ conoce su forma física y le gustaría cambiarla. Como un drogadicto. Un trastorno alimenticio requiere atención de profesionales y a nivel global la intervención de agentes que “deberían ser encarcelados”.

Un asunto que tampoco comprenden ni los ‘progres’ ni los hijos del eurocomunismo. Desde ese rincón bobalicón del capitalismo se nos ofrece una apología de conductas insalubres. Buen rollito. Todo está bien, tener sobrepeso es una decisión tan legítima como cualquier otra. En lugar de afrontar un análisis que intente mudar esta realidad.

Una tarea que sin ninguna consciencia ya ha acometido el dichoso Marcial:

- Pero rapaz, el diracho polo teu ben.

- Si ho, eu non che digo que non, pero sendo médico é moi fácil. A min tamén me gustaría comer ‘quinó’, leite de avea e evitar o güisqui… Non teño nin tempo, nin ganas. A estas alturas xa me dá igual, de algo hai que ‘espichala’.

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