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Como un vagabundo

Bertín Osborne, en la entrevista de 1985. TVE
Bertín Osborne, en la entrevista de 1985. TVE

“Voy sembrando ilusiones, despertando emociones… que están dormidas”. ¿Era un visionario? Esta es la pregunta que surge en torno a Bertín Osborne, que ya decía esto allá por el 1982. “Cando cantaba con forzas”, apunta mi padre. Siendo justos, nuestro joven ‘gran varón’ no se podía imaginar las pasiones que iba a levantar en el mundo de las redes sociales.

“Soy un halcón que vuela, que bebe en los arroyos, que es fuerte y poderoso… sin un sitio donde estar”. Más le vale a nuestro ejemplar de ‘macho ibérico’ que esa fortaleza de la que presume sea cierta. Unas delirantes declaraciones suyas en las que confunde la legislación con la realidad que viven las mujeres en España le valieron la lapidación pública. El rescate de una entrevista realizada por Julia Otero, en la que reconoce haber pegado a alguna mujer, lo elevó a la categoría de demonio nacional (y con razón).

“Es el suelo mi lecho, es el cielo mi techo… y las estrellas”. De nuevo, no le falta razón al cuñado de España. Sus actitudes no merecen escapar del inframundo. En cambio, el sector hegemónico en el feminismo lo ha elevado hasta una categoría divina. Han confundido origen y consecuencia. En este hombre descansan todos los males a los que debe hacer frente la mujer. Muerto el perro, se acabó la rabia; el dogma reinante.

“Para mí no hay fronteras y mi sitio cualquiera”. Qué bien definió Bertín a aquellos que lo han convertido en una bruja de la Edad Media. Los adalides de la libertad ficticia de la mujer bajo el capitalismo se someten una y otra vez a las leyes que rigen el mundo de Osborne. Las del espectáculo. Explicadas al detalle por Guy Debord y que no citaremos aquí confiando en la curiosidad del lector de guiarse por el enlace que sobrepone estas palabras. Descontextualización, arribismo, chivos expiatorios, la imagen-shock de Dauvé y sensacionalismo. Estas son las herramientas defectuosas con las que se pretende hacer frente a una ideología dominante.

“Yo soy un vagabundo que rueda por el mundo”. Así era hasta que la farándula se encargó de resucitar a este cadáver y darle importancia. El conflicto entre filisteos ‘preocupados por la situación de la mujer’ es más falso que uno jurando amor eterno. Retroalimentación. Lo único que importa es agarrar la hegemonía superficial que pueden ofrecer las redes sociales. Una censura de trincheras que fortalece el estado de salud de la ideología dominante.

“No me importa el futuro, repartiendo saludos voy por la vida”. Mientras, todo aquel que pueda considerarse ‘oprimido’ baila al son de la música reinante. Todo por el pueblo, pero sin el pueblo. Mejoras parciales a nivel legislativo que enfadan a Bertín y nada cambian para las personas. Y el futuro sigue igual. Negro.

“Buenas noches señora, buenas noches señora, hasta la vista”.

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