Opinión

Dioses de barro

La fama lleva a veces mucho tiempo ganarla y la reputación se puede perder en segundos. Una vez rota es como la porcelana: muy difícil de reparar. Es algo que experimenta en sus propias carnes el futbolista brasileño Dani Alves, en prisión por supuesta agresión sexual a una joven en una discoteca. No es el primer caso (Robinho, Mendy, Santi Mina...) ni será el último. Los jugadores suelen vivir en una burbuja, siempre rodeados de lujo, coches caros, modelos, zonas VIP...

Y algunos acaban perdiendo la cabeza y piensan que todos deben someterse a sus deseos. Se creen dioses y no son más que ídolos de barro. De hecho, la mayoría pasa al anonimato cuando se retiran. Y nadie se acuerda de ellos, porque el fútbol –como la vida– tiene una memoria selectiva.

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