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El rumbo equivocado

"EL DE Oporto es el mayor aeropuerto de Galicia", decía el alcalde de la ciudad lusa. Y aunque nos escueza, sus palabras cobran cada vez más sentido. Rozó el umbral de los 9 millones de pasajeros en 2016, el doble que las tres terminales de la comunidad. Y paradójicamente, casi uno de esos nueve millones fueron gallegos, los mismos que pasan cada año por los aeródromos de A Coruña y Vigo. Son, de momento, menos de los que mueve Lavacolla, que cerró el año con la marca histórica de 2,5 millones. El récord, eso sí, queda descafeinado si se tiene en cuenta que el compostelano comenzó el siglo parejo en cifras al de Oporto. Pero mientras el portugués disfrutó de un ascenso limpio y apacible, el gallego se vio afectado por las turbulencias localistas tan frecuentes en nuestra comunidad. Puede debatirse sobre la idoneidad de potenciar Lavacolla, Alvedro o Peinador. Como santiagués, y ante la sospecha de que mis vecinos del norte y sur nunca se pondrán de acuerdo, puedo alegar que el de la capital es el más céntrico, y que las dos grandes urbes gallegas bastante tienen con intentar armonizar sus puertos de mar, en los que se han invertido no pocos millones. Conste que defendería lo mismo para una terminal que se hubiese erigido en Lalín o Melide. Un aeropuerto es más que suficiente para los menos de tres millones de gallegos, solo se necesitaría conectarlo adecuadamente para que estuviese a media hora en tren de cualquier ciudad gallega. Es una evidencia, como también lo es que ningún jefe territorial quiere ceder en este aspecto. La tan promulgada apuesta por coordinarlos tampoco acaba de calar, quizás porque realmente nunca se ha aplicado. Las últimas cifras de Aena vienen a confirmar que Oporto se come cada vez más 'la tostada' de Galicia, que está siguiendo el rumbo equivocado si quiere despegar de una vez en el mapa aeroportuario.

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