domingo. 23.01.2022 |
El tiempo
domingo. 23.01.2022
El tiempo

Siempre a pie cambiado

Una y otra vez por detrás del virus. Es una constante. Tras las fiestas navideñas, las cifras. Hace un año o año y medio nos dejarían nuevamente apesadumbrados. Ahora no. Pero tampoco hay pataletas ni revueltas. Cada uno a su libre albedrío y dentro de su propia auto responsabilidad. Lo visto y vivido pone en bandeja a la clase política que la ciudadanía hace, al final, lo que quiere. Ni restricciones ni multas, y sí, demasiada vista ancha. Bares y terrazas atestadas. Como si no hubiera mañana. El negocio tremendo y desbocado de los test antígenos, para qué decir. Ahora el gobierno, tarde, muy tarde, decide acotar el precio disparatado de los mismos. Ley de la oferta y demanda sin que se haya puesto coto a diferencias abismales entre farmacias y ciudades o regiones. Y lo que es peor, se sabía. Agosto para unos, confusión y hartazgo para otros y resignación ante el virus y la impotencia en todos.

Cuando aún no han puesto la tercera dosis muchos, ya se anuncia la misma para mayores de dieciocho y en un no lejano horizonte cuarta dosis. A golpe de dosis se acota el hachazo y la fuerza de un virus que todos quieren que sean endemia gripalizada cuanto antes. Pero para esto aún antes habrá miles de muertes y millones de contagiados. Algunos no esconden que la inmunidad se logra con ese contagio masivo y global a nivel comunitario.

Mientras el susto en el cuerpo porque no es cierto que solo están o lo están mayoritariamente en la Uci los no vacunados. También los hay con segundas y terceras dosis y también han fallecido. En solo los tres primeros días de esta semana más de 550 muertes. Se dice pronto. El dolor y desgarro los que lo sufren en carne propia y sus familias.

Nadie ha frenado el dislate que hemos visto desde noviembre. Que lejos queda ya aquellas felicitaciones de Bruselas y de la OMS. Ciencia ficción cuando la incidencia acumulada rondaba los 48, hoy los casi 3200, y eso que son medias y que no todo está declarado ni comunicado. Cuando se ha llegado a los ciento ochenta mil contagios en un día, cuántos ni siquiera desde sus casas lo comunican o saben incluso al ser asintomáticos que han pasado o tienen el virus. Cifras espeluznantes pero irreales. Nos queda el ligero pero esencial consuelo de que la letalidad no es la de otrora. Pero consuelo de muchos, equivale a ponernos también una venda. Eso sí, deseada por nosotros mismos y nuestra impenitente autonomía de voluntad. Esa misma que confundimos con libertad, pero poco o nada, con responsabilidad hacia uno mismo pero también hacia todos los demás.

Malos tiempos para tanta hojarasca y tanto flirteo cuando no devaneo político. Ya nadie se acuerda ni de residencias, ni de soledades, ni macabras cifras. Vivimos y miramos la vida como si no quisiéramos entender, ver y soñar. Y puestos a soñar, incluso pavor, nos dan todas las enfermedades y secuelas de este virus, que desconocemos o no nos dicen, amén de las depresiones y ansiedades, también suicidios, esa enfermedad silente y de la que nadie habla ni quiere poner los medios necesarios para atajarla, nos ha traído. Maldito virus. Oleada tras oleada, seguimos por detrás. Y aún encima, algunos hacen negocio.

Siempre a pie cambiado
Comentarios