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Salvar el arte

SALVAR EL arte, es salvar también la historia de la humanidad. De nosotros mismos. El arte quedará, el ser humano se disipará, en su inmensa fragilidad y la huella, el testimonio, perdurará a través de la palabra, del escrito, de la obra de arte, aunque quizás también en todo aquello que se hizo y no se debió hacer y destruimos. Sin arte, sin expresión de la sensibilidad del ser humano somos infinitamente raquíticos. Con él gana no solo la estética, sino el ser, la entidad, la plasmación de las ideas, de los sentimientos, del modo de ver, de sentir, de llorar, de crear y, como no, de amar en todos los planos físicos, metafísicos y trascendentes.

Frente a la mediocridad del pensamiento reinante y atestado de noticias intrascendentes, frente a la superficialidad de todo discurso político y público, lo más sublime y auténtico, que perdura generación a generación, es el arte. Pero éste hay que protegerlo, cuidarlo, dotarlo de regulación que evite el tráfico ingente de obras de arte expoliadas, robadas, saqueadas, etc. Mucho se ha avanzado, sobre todo, tras lo sucedido en la segunda guerra mundial y el expolio nazi, pero no fue el único. Volver la mirada atrás y ver lo que otros imperios han hecho, expoliado y saqueado, traído y comerciado en sus metrópolis, produce escarnio y lo sigue aún produciendo toda vez que de nada sirve a los países expoliados, fueran o no país en aquél momento, su reclamo.

Pero viene al hilo esta reflexión porque se celebra en el Museo del Prado un congreso que pone en valor y recuerdo lo sucedido hace ocho décadas en una de las operaciones más impresionantes jamás hechas para salvar las obras de arte del Museo del Prado, no sin resistencias, sin miedos, dudas e inseguridades. Aquello sirvió y mucho no solo para preservar un rico y único legado, sino también para que otros países hicieran lo mismo cuando las botas totalitarias aplastaron las libertades y su hambre insaciable lo saqueaba todo.

En nuestros años de guerra mientras caían las bombas muchos hombres y mujeres dieron lo mejor para salvar y poner en cuarentena miles de obras. También antes cuando las iglesias eran saqueadas e incendiadas, también se trató de salvar el arte, amén de la vida. Conviene no olvidar y sí poner nombre a aquellos que titánicamente llevaron a cabo esta hercúlea tarea. Hoy la disfrutamos en no pocos museos. Esos que nos dejan boquiabiertos al contemplar la belleza más sublime de que es capaz el ser humano a pesar de todo. Lo que nos hace soñar y creer, pese a nuestra fragilidad inmensa, que estamos por algo, para algo y que somos capaces de plasmar, crear, innovar, imaginar y realizar.

Con ello, dejamos el poso de otros tiempos a generaciones venidas y venideras. Presente y futuro se abrazan gracias a un pasado artístico e histórico realmente espectacular como el que tenemos en este ruedo ibérico. Salvar el arte es salvarnos a nosotros mismos.

Salvar el arte