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El presidente esperpento

TRANQUILOS, NO, no me estoy refiriendo a presidente español alguno. Todo lo contrario. En España al menos no hemos llegado nunca ante esos extremos. Veremos que nos depara el futuro, pero de momento no. Nos referimos al presidente Trump. Quién está dispuesto a acabar con todos los cacharros de esa alfarería política que él tanto desprecia y hace por quebrar. Acostumbrados como nos tiene a sus desplantes, salidas de tono, chiquilladas, bravocunadas retóricas belicistas, contradicciones, efectismos vacíos, sus problemas personales, la ciénaga de mentiras y dimisiones de sus acólitos, está erosionando definitivamente la imagen de un empresario que ha jugado a ser presidente. 

Aunque aquellos que vaticinan un impeachment quizás se equivoquen, quizás no, pero que tratarán de sacar tajada ante unas legislativas de mediados de legislatura y que pueden dejar al partido republicano —que no reniega tanto en realidad de su presidente como pretenden hacernos creer—, en minoría en las Cámaras, en ambas.

Consciente de sus limitaciones y con un pasado oscuro y confuso,  Trump no para de acrecentar el desprestigio y la mediocridad de su presidencia

Tras la noche, llega el amanecer. Como cada día que se va y uno nuevo que alumbra. Pero este presidente ha decidido desde la noche electoral de su triunfo, allá por noviembre de 2016 sumergir a su país y de paso al mundo, en un tobogán o montaña rusa a máxima velocidad. Un riesgo difícil de controlar. Tiempos de volatilidad y profunda inestabilidad. ¿Cambiará su actitud, su discurso, sus maneras? No, aunque es verdad que ha atemperado la rudeza de los primeros meses. Hoy como ayer muchos se hacen la misma pregunta, no exenta de vana retórica, ¿cómo ha sido posible? Lo mismo se preguntaron en la convención republicana cuando Trump aun contra de los prebostes y dinastías del partido republicano se impuso y machacó uno tras otro a todos los candidatos. Y parece que su pueblo no está aún harto de este personaje tan histriónico como tragicómico. ¿Ha basculado América hacia el populismo o ha vuelto a la mítica de un ‘sueño americano’ que nunca fenece? Todo es posible en este inmenso país, incluso que alguien como Trump acabe conquistando la reelección dentro de dos años, en un país más fracturado que nunca, con mucha desigualdad, con muchas minorías que ‘acorralan’ la mentalidad puritana de muchos blancos que se han sentido esencia y bastión de un país hoy en declive para ellos. La demagogia y un falso populismo disfrazado de apelaciones nostálgicas al pasado y a la grandeza de antaño de un imperio hoy más vulnerable y con menos prestigio en el mundo, o así es como se sienten millones de norteamericanos, se dejaron seducir en 2016 y pese a los escándalos, volverán a hacerlo en 2020. Trump es parte del sistema, no un antisistema. No nos equivoquemos. Formaba parte de todo ese tejido y gran corpus lobista que estructura e institucionaliza el país, pero dice lo que ningún político se atreve, proclama tal sarta de incongruencias y críticas, pone y sojuzga a los pies de los caballos toda la manera de hacer política por el establishment washingtoniano que el pueblo le ha preferido a él. Sabedor de su verborrea incontenible, consciente de sus limitaciones y con un pasado oscuro y confuso, no para de acrecentar el desprestigio y la mediocridad en su presidencia y lo que es peor, para la institución. 

Terrible esperpento. Terrible. Pero lo peor aún está por venir.

El presidente esperpento
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