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Hombre o robots

El mundo pertenece ya a la inteligencia artificial, pero, ¿no nos hemos dado cuenta todavía de ello y que somos los nuevos monigotes de esa misma inteligencia?

DUALIDAD, CONTRAPUESTA, tal vez. Solo tal vez. El futuro será el que sea, o tal vez el que tenga que ser, o quizás el que una máquina (sentido amplio y genérico del término) acabe por definir. Zaratustra terminó el siglo XIX con su manifiesto contra la deidad, y aquella muerte ha sido ahora la del ser humano. Bienvenidos al mundo real de la inteligencia artificial. Bienvenidos a ese nirvana de pensamiento del ser humano que parece que cederá todo ante esa inteligencia, llamada artificial, porque parece que la creatividad del ser humano acaba de fenecer de bulimia total. Algunos científicos del pensamiento, que también los hay en estas sociedades cada vez más vacías –que lo están desde hace décadas– y que ahora renuncian así mismas para subir a la apoltrona de la inteligencia a esas máquinas, ya hablan del hombre inútil. Me refiero a Hariri, el autor quizás más de moda en los tiempos de incertidumbre que corren y que hace lecturas de futuros previsibles aun no teniendo la caja de Pandora. Tras Sapiens, tras Homo Deus, Hariri habla de lo divino y lo humano, la biología y la biotecnología, la muerte y Dios, el robot y la inteligencia, pero también del hombre inútil, pese a esa inmortalidad que tan pronto aduce como fija en un límite de 125 años.

¿Que será del ser humano en este mundo artificial, de inteligencia, no de valores, porque este último es insubsanable ya? Nadie lo sabe. Pero todo cambiará. O nos cambiará. O hará lo que el futuro depare. ¿Seremos más felices, más autocríticos, más exigentes? ¿regirá el orden, el mundo, nuestras sociedades, nuestras vidas un programa de ordenador, una cadena de bloques, sus múltiples tockens? Qui lo sà, como dirían en la culta y maravillosa Italia. El ser humano se desarrollará por ordenadores y vida inorgánica. Pero, ¿nos lo pueden explicar a los mortales que somos ajenos a esta nueva iconografía existencial de la realidad futura?

Datos, datos y solo datos. Pero ¿y los valores? ¿y la moral? ¿tendrán conciencia los ordenadores para prestárnosla a los seres humanos? Todo es incierto, pero todo tenemos la sensación de cambiará, evolucionará, que nuestros hijos, nietos y descendientes vivirán en un mundo fuertemente robotizado, algorítmico. No sé si maravilloso o no, si más insolidario e interdependiente, comunicativo o no, pero mi pregunta es ¿qué papel juega y jugará el ser humano en esa centralidad que ya no le pertenece? El poder dejará de pertenecer al hombre, a la persona, será conquistado por el robot, el ordenador, la máquina asintomática de valores y con sus propios prejuicios algoromizados.

El mundo pertenece ya a la ingeniería, a los robots, a la inteligencia artificial y genética, pero, ¿no nos hemos dado cuenta todavía de ello y que somos los nuevos monigotes de esa misma inteligencia? Me niego a creer y que nos cataloguen en esa inutilidad del ser humano o de los puestos de trabajo, donde el ordenador, el brazo artificial, el robot capaz de operar, diagnosticar, conducir, fabricar, … sea la perfección de un mundo donde el hombre ya no es. Sin atributos, sin condicionantes. Pensemos. Pensemos el futuro que está aquí. Calibremos esta revolución tecnológica, auténticamente apisonadora y que multiplica por millones su potencial respecto a las otras tres, porque ya no hay vuelta atrás. ¿Dónde está, estará el ser humano? En qué parte de una pirámide helicoidal?

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