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Galicia: 44 puntos

Mal va un país si se asienta en la desigualdad de trato. Mal camina un país si permite las diferencias. Mal futuro le espera si no erradica y lucha frente a la diferenciación entre unos y otros y más si la misma no atiene a criterios de justicia y reparto social y económico. Solo las élites buscan la diferenciación. Se asientan bajo esa premisa. Es un perfil sicológico, sociológico, individualista en exceso y, sobre todo, económico. Preparémonos para ver de todo. La deriva de la política en España ya no tiene embalses que la contengan. Nos hemos instalado en el disparate. En el esperpento. No hay un proyecto. Solo la improvisación. Lo malo es que llevamos muchos años pertrechados en esa improvisación pero ahora los maestros o directores de partitura arrasan con cualquier precedente.

Sí, quiero exactamente para Galicia, mi país, mi terruño, mi patria chica y grande a la vez, lo mismo que se le conceda a Cataluña. Ni un punto más, ni tampoco uno menos. Para esa región catalana tan superprivilegiada a costa de otras durante dos siglos de desarrollo económico e industrial con mano de obra barata y despreciada de otras regiones pbores. Pero esa es otra historia. Sí quiero para Galicia las mismas prebendas, concesiones, competencias, facultades y, sobre todo, la guinda esencial, los dineros. Los recursos. Pues siempre se ha tratado de eso. Ríase la ministra portavoz, tenaz y rocosa según ella misma, ditirámbica y estrambótica en las veleidades radiofónicas, de que no permitirá asimetrías. Este país está tejido de asimetrías y de reinos de taifas que pergeñan y engendran una realidad actual. Nunca ha habido en verdad una idea de estado ni una modernidad inicial que no fue tal ni con Isabel ni con Fernando. Una impostura en medio de dos reinos que cada uno hacía y deshacía. Pero en la sangre musulmana y cristiana prendieron los reinos. Y de aquellos vinos viejos bebemos en algún imaginario absurdo, pero victimista en exceso.

Pregúntele al jefe del Estado por esos 44 puntos que no son para el reino, sino para la porción. Pregúntele al presidente por la demagogia reverencial ante un Torra deshauciado políticamente. Pregúntele ahora a los otros 16 presidentes autonómicos por sus 44 puntos. Porque sí, quien suscribe quiere los 44, quiere los cupos, quiere el desarrollo y la modernidad. Pero también quiere a su país. Quiero esos 44 para Galicia, por supuesto que sí, pero también los quiero para Asturias, Cantabria, las dos Castillas, Aragón, Extremadura, Andalucía, Murcia, Valencia, La Rioja, Madrid y etc., porque en ese etcétera salvo las ciudades autónomas, 44 y cupos saben y mucho algunos. Ante el silencio de gobiernos y gobiernos que gritan, oran y laboran, pero con vendas hipócritas cuando conviene y mendigan votos y apoyos que luego retiran pero con los millones de todos nosotros antes de escapar por sus puertas giratorias a grandes consejos de administración o del mundo de los grandes despachos. Cuantas gracias hay que dar al talento de la España vacía, ese al menos es más límpido e inmaculado de manchas y otras dádivas.

44 puntos. Y España aún sigue desperezándose de una coreografía que solo está empezando un nuevo entreacto. No se va a aburrir, señor espectador, se lo aseguro. Esto no ha hecho más que empezar. Pero ya saben a vaquiña, polo que vale.

Galicia: 44 puntos
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