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El barón se retuerce

El viejo barón, Montesquieu, se ríe a carcajadas. Eso sí, respetuosas con la división de poderes. Siglos atrás, el verdadero patrocinador de estas ideas, Quintiliano, seguramente en la eternidad hago lo mismo. Tal vez hasta charlen en latín. Se trata de cultura. Concepto este hoy día evanescente y poroso. Un país sin intelectuales está condenado a la mediocridad. Y si la sociedad mira a ese espléndido lado que es la indiferencia, el castigo colectivo es el que es, ramplonería.

Estos días así de soslayo, como quién no quiere la cosa, saltan repetida y cansinamente los cambalaches de los dos grandes partidos, eso de grandes es matizable y sin duda, manifiestamente, mejorable, sobre el reparto de sillones y púrpuras. Purpurados siempre hay muchos dispuestos a las canonjías del poder, bien remuneradas siempre. Algunos muy por encima del sueldo de un presidente o de ministros. Pero a veces el grado de cinismo llega al éxtasis, de día se blasona una cosa, y de noche, la contraria, eso sí, sin tapujos o remilgos de ninguna clase. Tanto va el cántaro a la fuente de la soberbia que todo vale o parece. Y viva eufemística y en los libros, y ya se sabe que un apostolado reciente o una ley tira a la basura bibliotecas enteras, la división de poderes. Nombrados a su antojo por unos y otros, los de siempre, las canonjías solo hace falta pactar el nombre, que no la idoneidad real del personaje. Y pasado todos tenemos uno, como las hemerotecas de lo circunstancial. En España país indolente a la vez jocosamente doliente de sí mismo, todo resulta, al final, ser meramente circunstancial. También el nombramiento de poltronas.

Pero lo curioso resulta el descaro sonrojados a medias de decir que tal o cuál nombre se votará con la nariz tapada. Eso y la náusea, kafkiana al final, en vez de sartriana, hace el resto, esto es, la farsa hasta el final. ¿Pero qué es eso de votar con la nariz tapada señores diputados? ¿Qué representan ustedes al partido o al ciudadano habida cuenta que lo imperativo está muerto y lo representativo es el ciudadano? Eso es lo mismo que mirar hacia otro lado, algo que el diputado en cuestión, vasco además, sabía que se hizo y mucho pero por otro tema, este sí tráfico y desgarrador. Si una persona no es idónea por sus actuaciones, declaraciones, trayectoria, currículo, etc., no la vote, no la apruebe, rechácela, pero no esgrima razones que no lo son y si el ahogo de la disciplina de voto impuesta y exigida para lo que se quiere por las cúpulas pretorianas de partidos nunca democráticos en verdad y que no apuestan por la pluralidad real y libertad en listas abiertas pero se les llena la boquilla de sus primarias, tal vez deberían hacérselo mirar, porque nada se mueve si algunos ordenan que todos quietos en los partidos.


Produce tristeza escuchar y ver, pero sobre todo tal hartazgo que al final consigue lo que quieren, que el ciudadano pase de la política. Así de simple. Montesquieu se ríe, a carcajadas. Se retuerce. Acaso, ¿no podían hacerse las cosas mejor que repartirse las túnicas del poder? Algo más de ejemplaridad no nos vendría mal a ninguno. Eso sí, a todos, no solo a unos. Pero nada debe cambiar para que el príncipe de Salino, siga siendo eso, príncipe en su parnaso lampedusiano.

El barón se retuerce
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