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Dando la espalda

Sánchez y Calvo se abrazan. MARISCAL (EFE)
Sánchez y Calvo se abrazan. MARISCAL (EFE)

SUÁREZ Illana, otra vez ayer dando la espalda al portavoz de Bildu. Papá no le enseñó que cuando los terroristas de Terra Lluire abandonaron las armas se integraron en ERC. Tampoco que cuando ETA-PM, los temibles polis-milis se disolvieron, gran parte de su militancia se pasó a Euskadico-Ezquerra, formación que a su vez acabó en las filas del PSOE. De dar la espalda, debiera dársela a más de la mitad de los portavoces, pues todos tienen un pasado. También papá, que ejerció como ministro-secretario general del Movimiento hasta el mismo día en que empezó a presidir el Gobierno de España. Poca cosa.

Y perfectamente podría dar la espalda a Pablo Casado, cuyo partido fue fundado por ministros franquistas. Papá era más listo que Adolfo, no obstante. Papá dio la mano a La Pasionaria y a Carrillo, no por buena persona, sino por buen estratega, ya que su idea era perpetuarse en el poder y en aquellas circunstancias sólo podía hacerse simulando una democracia plena. Tampoco dio la espalda Adolfo al portavoz de Vox, pues ambos proceden de una tradición en la que el grito, el insulto o la amenaza son maneras suaves, casi pacíficas de reconducir una situación. Hasta cuando votaban ayer lo hacían muy alto los de Vox, como si la representación del pueblo se midiera en decibelios y no en votos. Así que por dar, Adolfo podría darse la espalda a sí mismo, y lo digo desde la esperanza de que no leerá estas líneas, que si las lee es perfectamente capaz de intentarlo y romperse la espalda.

El caso es que todo el mundo aquí tiene un pasado. Lo que no se votaba ayer era el pasado de nadie, cosa que no entendieron ni Adolfo, ni su jefe, ni los otros partidos de la derecha. Triste es que de lo que más se haya hablado en los sucesivos debates sea de Eta, que dejó la lucha armada, se desarmó y se disolvió tras un larguísimo proceso. El fin de la violencia en Euskadi, así como que los movimientos abertzales hagan política de manera pacífica en las instituciones bien podría ser celebrado por todos.

El hijo de Suárez profetizó el desarrollo de la legislatura que empieza, obviamente sin pretenderlo, pues le faltan luces para tanto: será la era de dar la espalda al adversario y eso no es bueno. Faltan parlamentarios de altura en un foro en el que Aitor Esteban destaca sobre todos los demás. El nivel es tan bajo que dar la espalda es una opción. Falta diálogo y sobran rebuznos, pero lo que más falta es capacidad para gestionar los resultados entre los partidos que perdieron. Resuelven sus carencias argumentales y dialécticas negando legitimidad a un Gobierno que se atiene con literalidad a las normas que determinan la elección de un presidente, y que se resumen en esto que algunos se resisten a aceptar: gobierna aquella persona que logra más votos a favor que en contra, y tan legal, legítimo y democrático lo es si lo hace con la abstención o el apoyo explícito de comunistas e independentistas como si se vale de los apoyos de la ultraderecha, como ha sucedido en tantos ayuntamientos y comunidades.

Si empezamos a negar las reglas de juego, mal vamos. España viene de donde viene: de 40 años de una Transición mal resuelta tras otros 40 de dictadura. Por eso hay muertos que valen más que otros y verdugos mejores que otros. Por eso los que hablan de las víctimas de Eta tienen alergia a las de las cunetas. Curiosamente fue Oskar Matute, portavoz de EH-Bildu el único que lo hizo, nombrando explícitamente a las víctimas de Eta, a las del GAL, a las de otros grupos terroristas impulsados desde el Estado y las de Franco y pidiendo reparación para todas ellas sin excepción.

Que en un Estado en el que no hay muertes por terrorismo independentista desde hace diez años se articule un debate de investidura alrededor de Eta es para nombrar a un ministro o ministra de Psiquiatría; que se hable más de Catalunya que de España, es para nombrar a dos. Aquí lo que hace falta son ansiolíticos y antidepresivos.

Los votantes irán juzgando a unos y a otros. Igual los que sobreactúan se equivocan. Se lo juegan todo a que el Gobierno dure poco, lo cual es muy probable dada la difícil geometría parlamentaria. Pero por si no sale del todo mal, la oposición haría bien en ir armándose de argumentos, porque tonterías como la del hijo de Suárez o como la de Arrimadas llamando al transfuguismo hasta el último segundo pueden no ser especialmente apreciadas. Igual los votantes prefieren verse representados por quien dialoga que por quienes montan un circo de tres pistas y compiten por tirar al suelo al del trapecio de al lado.

Vaya usted acomodándose porque el espectáculo, desgraciadamente, está servido. En cuanto al discurso, olvídelo, que no tiene cabida en un futuro cercano. Es aburrido hablar solo de Eta. Y en unos meses, elecciones a la Xunta. Madre mía, la que nos espera.

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