Opinión

Echar balones fuera

HAY UN deporte nacional en este país que consiste en echar balones fuera. A grandes rasgos, se trata de hacer las cosas mal y no admitirlo. Es más, cuando alguien te reprocha tu conducta hay que darle la vuelta a la tortilla y decir que quien te acusa todavía lo ha hecho peor que tú. El caso es desviar la atención para que nadie se fije en tus miserias.

Es un deporte que practicamos desde pequeños. A mis hijos, por ejemplo, se les da bastante bien. Cuando digo: "cierra el grifo rápido que se gasta mucha agua", ellos contestan: "Pues tú ayer te dejaste la luz de la cocina encendida toda la mañana". A mí me crispa su actitud, pero reconozco que van cogiendo tablas por si el día de mañana se quieren dedicar a la política, donde ya solo interesa lanzar rápidamente la pelota al tejado del contrario. Dan igual los colores y las siglas; todos juegan.

Y tampoco hace falta ser político de profesión para ser un crack en estos lides. Para mí se lleva la palma Alberto González Amador, el novio de Isabel Díaz Ayuso. Lo investigaron por defraudación tributaria y falsedad documental. Él mismo entonó el ‘mea culpa’ y le propuso a la Fiscalía asumir ocho meses de cárcel y pagar 525.000 euros para evitar ir a juicio. Pero aun así, para que su fraude pareciera menos fraude, denunció a dos representantes del ministerio público —que es público porque representa a todos los ciudadanos y tiene que ser transparente— por informar sobre su investigación. La cúpula de la Fiscalía no admitió la querella. Menos mal que a veces hay un buen portero que frena el gol.

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