Opinión

Cosmética desde la cuna


Existe la cosmeticorexia y me aterra. La primera vez que escuché a niñas de 9 años pronunciando en inglés el término ‘skincare’ (cuidado de la piel) me dio la risa. Me pareció gracioso escucharlas hablar de cosmética como si fuesen señoras preocupadas por sus patas de gallo. Hablaban con conocimiento de causa y muchas de ellas ya había utilizado productos y utensilios que jamás han formado parte de mi rutina de belleza. En su neceser ya tienen mascarilla facial, ‘eye liner’ y rizador de pestañas.

Todavía no saben dividir ni acentuar bien las palabras, pero han visto tantos tutoriales y vídeos de TikTok que son expertas en cremas y maquillajes. Me resultaba bastante gracioso escucharlas, pero tras leer unos cuantos reportajes sobre el tema, el asunto ya no me hace ninguna gracia. Dermatólogos, farmacéuticos y psicólogos alertan de la «alarmante obsesión» de muchas niñas menores de 12 años por las rutinas de cuidado facial. La influencia de las redes sociales está impulsando entre las preadolescentes una tendencia peligrosa que no solo acarrea problemas físicos, sino también psicológicos.

Cada vez hay más niñas que no quieren salir a la calle con la cara lavada y que usan a diario productos cargados de sustancias dañinas e inapropiadas para su edad. A todas las niñas les ha gustado siempre pintarse los labios a escondidas o darse un brochazo de colorete en las mejillas, pero nunca hasta ahora les había dado por utilizar habitualmente cremas, tónicos faciales o tratamientos antienvejecimiento. Los psicólogos ya tratan casos de cosmeticorexia en menores e instan a las madres a zanjar este despropósito.

No es tan solo cuestión de evitar dermatitis o alergias, se trata de impedir que las niñas pierdan su infancia preocupadas por cuestiones superficiales. No hay nada más atractivo en una mujer que ser auténtica y, para lograrlo, hay que conservar las líneas de expresión.