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Expectativas y realidades

JUNTAR EN A Toxa a Rajoy con Felipe González en un mano a mano es lo mismo que unir huevos con patatas y que te salga un producto revolucionario: la tortilla. No daría mucho dinero pero sí un poco, puede que 3 o 4 euros, por estar allí porque es fácil leer a los dos como un libro abierto. Felipe González pasó hace ya años a ser simplemente Felipe, no hace falta más para identificarlo. Mariano Rajoy es lo contrario. Pasó a ser su apellido: Rajoy, que quieras que no te aleja un poco de los contribuyentes. Creo que a los dos les gusta su papel. A Felipe (voy a llamarle así, que hay confianza) le recuerda sus años de sindicalismo y socialismo real y a Rajoy le permite hablar del Estado y de España, dos conceptos que sé que él tiene tan grabados a fuego como otro que le salvó la vida política hasta que dejó de salvársela: hacer como que con él no va nada.

Andados los años Felipe opina de todo con un tono de suficiencia que desespera a los del PSOE que están en activo y contradiciéndose a sí mismo al olvidarse de que fue él quien formuló la tesis de los jarrones chinos y los expresidentes. Rajoy por su parte daría lo que fuera por borrar de la memoria colectiva lo de los hilillos de plastilina, lo de los discos duros o el "Luis, sé fuerte". Y eso es, en definitiva, lo que esperan los que van a ir a esa charla: a Felipe justificando el referéndum en la Otan y a Rajoy hablando de la Caja B. Por si alguien va ir a A Toxa, ahí va un espóiler: a la Otan entramos porque nos obligó Helmut Kohl y nunca hubo ninguna Caja B.

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