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Felicidad familiar

Hay hechos de los que difícilmente se sale, y ya se sabe, las familias infelices lo son cada una a su manera, pero también las felices lo son cada una a su aire, diga lo que diga Tolstoi

UNA VEZ le preguntaron a Cheever que por qué siempre escribía sobre la familia y él contestó: "¿Es que acaso hay otro tema?". La historia de la literatura es una historia de conflictos familiares, quizás porque el mero hecho de existir es un conflicto y uno no puede salir nunca del espacio emocional que arrastramos desde la infancia, ni tampoco del que construimos después con mayor o menor tino. Hay nudos que no desharemos nunca por más que soñemos a menudo con quemar las naves. Me gustan las familias de novela y las novelas de familia. En La Odisea están las aventuras de Ulises, sí, que no da regresado a casa, pero su familia sigue en pie mientras Penélope teje y espera. El mito y el tema lo recupera Louise Glück en Praderas, uno de mis libros favoritos del mundo; me gusta especialmente la mirada de Telémaco sobre sus padres y la capacidad de la poeta de construir lo doméstico, de sacarle la esencia a un patio, a un gato, al fruto recién cortado de un árbol en el jardín.

Los espacios también son importantes en la familia. Dice la narradora de Adiós fantasmas, de Nadia Terranova, que podemos vivir en muchas casas pero que solo una es la nuestra. Su protagonista vuelve a Messina a recoger las cosas de su cuarto. La ciudad que quedó completamente devastada en el terremoto de 1908 sirve como metáfora perfecta del instante en que todo se derrumba y a partir de ahí hay que volver a empezar. La madre y la hija se quedaron atrapadas en los escombros que dejó la desaparición del padre que un día sin más se levantó, se vistió y se fue. Hay hechos de los que difícilmente se sale, y ya se sabe, las familias infelices lo son cada una a su manera, pero también las felices lo son cada una a su aire, diga lo que diga Tolstoi. En Felicidad familiar, de Laurie Colwin, los Solo-Miller son frívolos, acomodados, risueños y perfectos, ya no lo recuerdo, pero supongo que también rubios y guapos, y neoyorquinos, que siempre es un plus de sofisticación. Polly es la madre cariñosa, esposa entregada e hija amable que está contenta haciéndole la vida fácil a todos. De pronto se abre una grieta en su vida perfecta, a veces pasa, y en este caso tendrá nombre de hombre, uno joven y bohemio y dispuesto para la pasión. ¿Será eso un problema o será la solución? A veces la felicidad familiar se llama adulterio.

A mí no me miren, yo solo leo novelas.

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